5 de septiembre de 2026 - 11:45

El valor del esfuerzo colectivo: qué nos enseña el rugby sobre el desarrollo de Mendoza

Una pregunta central que vale para el deporte, para una empresa y también, para una comunidad, es la siguiente: ¿qué transforma a un grupo de buenas individualidades en un gran equipo? Seguramente no existe una única respuesta. Pero hay condiciones que aparecen siempre: objetivos claros, liderazgo, confianza, preparación, disciplina, trabajo y valores. Porque importa cómo competimos, respetar al que tenemos enfrente, saber ganar y también saber perder, entendiendo que competir y cooperar no son conceptos contradictorios.

Hablar de Santiago Gómez Cora es hablar de una de las grandes figuras del rugby argentino. De un extraordinario jugador de Seven, pero también de alguien que supo hacer una transición no siempre sencilla: pasar de ser protagonista dentro de la cancha a construir y liderar equipos desde afuera. Y ahí hay algo particularmente interesante. Porque detrás de los equipos y de los resultados siempre hay procesos: formar un buen grupo, entrenar, construir confianza, atravesar derrotas, aprender y lograr que personas con talentos diferentes trabajen por un mismo objetivo.

Para quienes venimos del mundo de la empresa y también hemos tenido la posibilidad de practicar un deporte, muchas de esas experiencias nos resultan familiares. El deporte es una gran escuela de formación que enseña valores para toda la vida, entre ellos, constancia, disciplina, esfuerzo, respeto por las reglas, compromiso con el otro y capacidad para levantarnos cuando las cosas no salen como queremos. Y los deportes de equipo, entre ellos el rugby, nos enseñan que el talento individual es importante, pero que el talento colectivo es más importante aún. Un gran equipo necesita individualidades y personas capaces de asumir responsabilidades. Pero necesita, además, que cada uno conozca su función y entienda que forma parte de un engranaje mayor: el equipo.

Y entonces aparece una pregunta que vale para el deporte, para una empresa y también, para una comunidad: ¿qué transforma a un grupo de buenas individualidades en un gran equipo?

Seguramente no existe una única respuesta. Pero hay condiciones que aparecen siempre: objetivos claros, liderazgo, confianza, preparación, disciplina, trabajo y valores. Porque importa cómo competimos, respetar al que tenemos enfrente, saber ganar y también saber perder, entendiendo que competir y cooperar no son conceptos contradictorios.

Esto tiene mucho que ver con el mundo empresario y emprendedor. Una buena idea es apenas el comienzo. Después hay que transformarla en un proyecto, desarrollar capacidades, incorporar conocimiento, formar personas, invertir, innovar y perseverar, igual que ocurre en el deporte.

El talento es un punto de partida; el desempeño se construye entrenando, aprendiendo y corrigiendo errores, y trabajando todos los días para ser mejores.

Esta idea sirve para pensar Mendoza, una provincia con enormes oportunidades. Tenemos talento humano, capacidad empresarial, recursos naturales, universidades, cultura de trabajo y una ubicación estratégica.

Tenemos muchas ventajas comparativas, pero por sí solas no garantizan el desarrollo. El desafío es transformarlas en ventajas competitivas y eso, como en el deporte, requiere entrenamiento. En una sociedad significa educación y capacitación, institucionalidad y orden fiscal, impulso al sector privado, infraestructura, innovación e inversión: pilares para el crecimiento económico y social de Mendoza.

Mendoza necesita producir más, exportar, atraer inversiones, generar empleo y abrir nuevas oportunidades. Y para hacerlo tenemos que jugar en equipo: empresarios y emprendedores invirtiendo; trabajadores desarrollando nuevas capacidades; universidades formando talento y generando conocimiento; un Estado estableciendo reglas claras y facilitando la actividad productiva; y una sociedad capaz construyendo acuerdos de mediano y largo plazo. Porque ningún jugador gana un partido solo, ninguna empresa se construye alrededor de una sola persona y ninguna sociedad se desarrolla únicamente por disponer de recursos.

El desarrollo se entrena, la competitividad se construye y los resultados se alcanzan cuando se conjugan el talento, el esfuerzo, la visión, los valores y el trabajo en equipo.

Por eso es tan interesante escuchar hoy a Santiago. Porque detrás de la historia de un gran jugador y entrenador hay aprendizajes que trascienden el deporte y nos sirven a todos.

Cualquiera sea nuestro rol —estudiantes, trabajadores, investigadores, empresarios, emprendedores o funcionarios—, todos somos parte del mismo equipo. Cada esfuerzo individual importa, pero nuestra verdadera capacidad de avanzar aparece cuando somos capaces de sumar esos esfuerzos detrás de un objetivo común.

Porque, al final, la pregunta es: ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros, desde el lugar que nos toca, para que Mendoza sea un mejor equipo, que brinde más oportunidades a los mendocinos?

* El autor es ministro de Producción de Mendoza.

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