29 de julio de 2026 - 00:25

El negocio de hacernos detonar

No existe “un mundo” que está criticando a nuestro país. Tampoco existe la envidia a la invención de la birome, del colectivo, del dulce de leche, o a el obelisco, el tango o lo que sea que sintetice pobremente la identidad nacional. Lo que sí sucedió es que algunos referentes cabalgaron sobre las intenciones de un contenido que quería sacar ganancias y aprovechar un espectáculo excepcionalmente masivo.

Hierven las editoriales con las críticas que se le achacan a la selección argentina de fútbol después del mundial y por extensión (recordad esto) al país entero. En los días que le siguieron a la final entre los seleccionados de España y Argentina, un poco antes también, referentes (solo algunos) de los medios tradicionales, figuras del espectáculo, influencers, una fauna mediática que con la facilidad de algunos slides acusaron a nuestro país de racista, acomodados, ventajeros, incluso con mensajes de deslegitimación sobre el justo reclamo que mantiene nuestro país sobre las islas Malvinas (son Argentinas).

Todavía durante el torneo, creció un debate surgido desde programas deportivos y youtubers conocidos sobre un clásico mundialista entre México y Argentina. Cierto o no la realidad del contenido, lo que sí sucedía con esta idea es que la afición alimentó el ecosistema de plataformas exponencialmente. Siguiendo los contenidos del fandom (comunidad o grupo de seguidores apasionados) el periodista Eduardo Feinmann en su programa transmitido por una señal especializada en noticias, sostuvo que “detesta a los mexicanos”, justificando el favoritismo con el equipo de Inglaterra en el match que por entonces se iba a disputar. Algunos doritos después el mismo periodista salió a disculparse sobre sus dichos, diciendo que era una opinión futbolística.

Con la inflación del interés en el torneo, llegando a la final, el clima no sólo se caldeó, sino que se generalizó. El actor comprometido con el combate en contra del racismo Samuel L Jackson, posteó en la red social X, una imagen donde el personaje que representó en Django desencadenado usaba la camiseta de nuestro equipo. El mensaje del posteo no dejaba dudas, la frase que antecedía el montaje rezaba: Argentina históricamente es uno de los países más racistas del mundo... ¿Fin? Pues no, le siguió una elegante alusión a la noción de “ventajeros” de la cantante Rosalía, en Instagram. De las redes saltó a lo institucional. Una congresista de los EEUU insinuó a reconsiderar las visiones sobre Argentina frente a una comisión sobre el enfoque histórico del instituto Smithsoniano. La lista sigue, en personajes y diferentes localidades, redes y programas de televisión, algunos arrepentidos otros desentendidos; ahora sí, todos mareados dentro de la soberanía de los medios masivos y las redes sociales (subrayar esto)

La reacción nacional tiene la misma racionalidad emocional que los “ataques”. Dejo para los especialistas deportivos la supuesta confabulación sobre el equipo albiceleste en el último partido del mundial. La otra línea unificó a todo el espectro de opinólogos nacionales. Hace unos días se sumó Jonatan Viale en la editorial de su programa, repasando siete intervenciones que recorrieron las redes sobre el tópico contra la Argentina. Pero esto no se queda así. Malena Pichot, némesis de Eduardo Feinmann, en su programa de radio aseguró que está muy "pasada de argentinidad" y afirmó "yo no salgo más de este país". Esperando su turno Pedro Rosenblat, frente a las declaraciones de racismo en argentina, dio una clase sobre las políticas colonizadoras de los países que aún mantienen territorios bajo este régimen o ejercen políticas coloniales. Y la lista sigue.

Rage bait, sembrando la bronca

El diccionario de Oxford eligió a rage bait como el término del pasado 2025. Traducido: cebo de ira.Se define como contenido en línea diseñado deliberadamente para suscitar enojo o indignación, frustrante, provocador u ofensivo, generalmente publicado con el fin de aumentar el tráfico o la interacción con una página web o contenido de redes sociales en particular”. En la época de las redes sociales, de posverdad y demás, el término mutó de la descripción de una acción a una práctica deliberada.

El funcionamiento de esta práctica tiene cuatro momentos, comenzando por la Provocación. Creadores de contenidos y programas especializados publican materiales con títulos, memes, stickers o videos polémicos, provocadores o críticos destinados a alguien o un grupo. Le sigue la Reacción viral, en este punto los/las usuarios/as comparten impulsivamente el contenido. El punto sensible es la Atención de referentes. Una vez que el contenido viraliza el espacio de las redes, el contenido se generaliza a través de la atención de referentes sociales (políticos, artistas, deportistas, periodistas, intelectuales, etc.). En este punto el fenómeno de redes salta a un espacio más grande de la opinión pública y la provocación se convierte en un contenido con una identidad social más general. El último paso es la Monetización, objetivo inicial del contenido. El flujo iniciado en la Provocación amplía el tráfico de ese contenido, indicando al algoritmo la creciente interacción. De esta manera, quienes comenzaron el proceso logran mayores ingresos, junto a las mismas plataformas, que a la vez aumentan la retención de los usuarios y reposteos, creando un bucle.

No existe “un mundo” que está criticando a nuestro país. Tampoco existe la envidia a la invención de la birome, del colectivo, del dulce de leche, o a el obelisco, el tango o lo que sea que sintetice pobremente la identidad nacional. Lo que sí sucedió es que algunos referentes cabalgaron sobre las intenciones de un contenido que quería sacar ganancias y aprovechar un espectáculo excepcionalmente masivo. Pero no podemos conformarnos solo con esto porque las emociones que moviliza esta práctica siguen presentes, y como sucede en la actuación, la representación de un personaje a veces no abandona a quien lo representa. Así el horror puede saltar desde las tablas al público.

* Licenciado en comunicación social y docente.

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