26 de septiembre de 2015 - 00:00

ONGs que derriban gigantes

Las ONG, hasta hace poco entidades testimoniales, se convirtieron en actores de peso en la vigilancia de derechos sociales y normas ambientales de las multinacionales, como acaba de comprobarlo en carne propia Volkswagen. El caso fue sacado a la luz por el International Council on Clean Transportation (ICCT), una organización no gubernamental (ONG) con sede en EEUU, que cuenta apenas con 27 colaboradores.

El ICCT e investigadores de la Universidad de Virginia revelaron que Volkswagen había instalado un software de manipulación de resultados de los controles de contaminación de vehículos diésel.

“Las ONG se han convertido en actores insoslayables en las denuncias” de malas prácticas empresariales, afirmó Yann Louvel, de la red asociativa BankTrack, que vigila los procedimientos del sector bancario.

VW se suma así a otros mastodontes del mercado que cayeron en las redes de las investigaciones de las ONG. En agosto, varios bancos renunciaron a financiar un proyecto megaproyecto minero en Australia, tras una campaña de defensa de la gran barrera de coral.

El gigante francés de la construcción Vinci se halla enfrascado en una batalla judicial abierta por la asociación Sherpa, por las condiciones laborales impuestas en las obras del Mundial de fútbol de 2022 en Catar.

La misma asociación presentó una denuncia contra el grupo de gran distribución Auchan, por el derrumbe en 2013 del edificio Rana Plaza cerca de Daca, en Bangladesh, que costó la vida a 1.138 obreros textiles.

Numerosas ONG no cesaron desde entonces de acentuar la presión para que diversas marcas, como la italiana Benetton, que hacían fabricar sus productos en ese edificio, contribuyeron a un fondo de indemnización. Multinacionales del sector de la alimentación también tuvieron que ceder ante ONGs de protección de la selva tropical y revisar sus contratos de aprovisionamiento de aceite de palma.

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