El joven Samir Qutaini sigue soñando con ser futbolista pero hoy día, lejos de su sueño y de los estudios, empuña un fusil de asalto AK-47 para luchar con los rebeldes de Alepo, norte Siria, contra el gobierno de Bashar al Assad.
El joven Samir Qutaini sigue soñando con ser futbolista pero hoy día, lejos de su sueño y de los estudios, empuña un fusil de asalto AK-47 para luchar con los rebeldes de Alepo, norte Siria, contra el gobierno de Bashar al Assad.
“¿Sabes qué es lo único que echo de menos del colegio? Jugar al fútbol con mis amigos en los recreos”, dice Qutaini, que dejó la escuela para trabajar en el negocio de telefonía móvil de su padre. “Yo jugaba de delantero centro y la verdad es que era bastante bueno metiendo goles. Mi sueño era jugar junto a Messi e Iniesta", comenta Samir antes de guardar un triste silencio.
El muchacho coloca las manos delante de una estufa sobre la que borbotea una tetera y se mantiene en silencio hasta el momento de sentir una fuerte explosión muy cercana.
“He venido a luchar por mi pueblo; y estoy listo para convertirme en un shaheed (mártir, en árabe)”, comenta con una media sonrisa en los labios. “No quiero ni recuperar el Al Ándalus ni matar a todos los infieles. Sólo quiero que Bashar se vaya y deje de matar a mi pueblo”, dice Samir, que no quiere que lo asimilen a Al Qaeda.
Desde hace cinco meses desde, Qutaini combate en filas del Ejército Sirio Libre (ESL) en las ruinas de uno de los barrios más castigados de Alepo. Junto a él se encuentra Abdel Jader Zeidan (15 años), el soldado más joven de la Kativa (brigada), que dejó hace meses a su familia y extraña a sus cuatro hermanos menores.
“El día que dije en casa que me marchaba a luchar con el ESL, mis padres se pusieron a llorar. Hablo con ellos una vez por semana para que sepan que estoy bien”, afirma este niño soldado, oriundo de la ciudad de Idlib.
“Pues mis padres se sienten muy orgullosos de que yo esté aquí luchando por mi país. Mi padre es soldado del ESL en la provincia de Idlib y fue él el que me animó a alistarme y que viniese a luchar aquí”, comenta por su lado Mohammad Orobi (16 años).