Nacido el 7 de diciembre de 1915 en Nueva York, Eli Wallach era una de las últimas leyendas vivas de Hollywood y, sin duda, uno de sus bandidos más famosos que coprotagonizó algunos de los western más emblemáticos y se mantuvo activo hasta cumplidos los 90 años.
La primera paradoja en la vida de Wallach es que, pese a sus muchos papeles como bandido mexicano, no tenía raíces latinoamericanas.
Y la segunda, que uno los primeros roles que interpretó este estadounidense de origen judío-polaco fue nada menos que Adolf Hitler.
Aquel film, una comedia titulada “Is This The Army?”, se inspiraba en un musical de Irving Berlin con cuya adaptación a la gran pantalla saltó a la fama un joven actor llamado Ronald Reagan.
Tras la Segunda Guerra Mundial, Wallach no se dedicó a la docencia, como tenía previsto, sino que estudió interpretación. Entre su círculo de amigos figuraban prometedores actores como Montgomery Clift, Marlon Brando, Anne Jackson y Norma Jeane Baker. Esta última pronto fue conocida como Marilyn Monroe y en 1960 rodó junto a Wallach y Clark Gable “Los inadaptados” (“The Misfits”), de John Huston, un hito de la historia del cine.
Sin embargo, la actriz con la que más compartió cartel y que desde 1948 sería su mujer fue Anne Jackson.
Wallach debutó primero en Broadway y consiguió un Tony por su papel en el drama de Tennessee Williams “La rosa tatuada”.
También en una obra de Williams se inspiraba la controvertida película “Baby Doll”, de Elia Kazan, con la que Wallach debutó en la gran pantalla y ganó un premio Bafta como actor emergente y puso de manifiesto su capacidad para los papeles ambiguos.
En 1960 interpretó al bandido Calvera en “Los siete magníficos” y seis años más tarde fue “el feo” Tuco en el clásico de Sergio Leone “Lo bueno, lo malo y lo feo”, que interpretó junto a Clint Eastwood y Lee Van Cleef.
También interpretó a un bandido en “El cerebro”, junto a Jean-Paul Belmondo, y dio vida a un mafioso en “El padrino III”.
Wallach nunca fue una gran estrella como Sinatra, Brando o Gable, pero a menudo era la primera opción de cineastas y productores y rechazó grandes papeles como en “De aquí a la eternidad” porque ya se había comprometido con otros.
A mediados de los 90 trabajó a las órdenes del español Fernando Trueba en “Two Much” y entre sus últimos films figuran títulos como “New York, I Love You” y “El escritor fantasma”, ambas en 2009, y “Wall Street: el dinero nunca duerme” un año después.
En 2005 lanzó su autobiografía: “The Good, The Bad And Me: In My Anecdotage” y la Academia de Hollywood le entregó una estatuilla honorífica en 2010.