9 de junio de 2026 - 10:50

Una carnicería cerró sus puertas porque muchos empleados querían "trabajar el 80% pero cobrar el 100%"

El dueño del establecimiento en Suiza abandonó su sueño empresarial para evitar un colapso de salud tras sufrir constantes faltas y exigencias del personal joven.

Rafael K., un maestro carnicero de 37 años, cerró su negocio en Volketswil, Suiza, tras solo cuatro años de actividad. A pesar de su intención de crear un buen clima laboral, los problemas recurrentes con sus jóvenes empleados lo llevaron a un estado de agotamiento extremo.

Rafael inauguró su carnicería en 2022 con la ilusión de cumplir un sueño, pero el negocio terminó en frustración absoluta. El principal motivo del cierre fue la dificultad para encontrar empleados que compartieran su visión de trabajo y lealtad. El propietario relató conflictos constantes con trabajadores de la denominada Generación Z, quienes anteponían sus propias condiciones a las necesidades operativas del local.

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La brecha generacional y las exigencias de horarios en el mostrador

Uno de los episodios más críticos involucró a un carnicero de 25 años que intentó imponer sus propios planes de trabajo y exigió que el equipo fuera enviado a casa antes de tiempo. Tras su despido, el sucesor registró más días de baja por enfermedad que de trabajo efectivo durante su periodo de prueba. A estas situaciones se sumó el despido de una empleada de 37 años que fue descubierta sustrayendo carne del establecimiento.

El desgaste emocional llevó a Rafael al borde de un colapso de salud o burnout. Al final de su trayectoria, se vio obligado a recurrir a la ayuda de su propia madre para mantener el local abierto, ya que prácticamente no contaba con personal de confianza. Su diagnóstico sobre el mercado laboral actual es contundente: muchos jóvenes aspiran a cumplir una jornada del 80% mientras pretenden percibir el 100% del salario.

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El fenómeno del cierre de carnicerías tradicionales en Europa

Este caso no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia conocida en el sector como Metzgerschwund o desaparición de carniceros. En Alemania, por ejemplo, el número de carnicerías artesanales se ha reducido a la mitad desde el año 2002, quedando poco más de 10.000 establecimientos activos. Además de los problemas de personal, el sector enfrenta la competencia de precios agresivos de los supermercados, que llegan a vender productos básicos por debajo del costo real.

A este escenario se suma un cambio estructural en el consumo de carne. La ingesta promedio por persona ha caído de 60 kilos en 2018 a 53,2 kilos en 2025. Para emprendedores como Rafael, la combinación de falta de personal dispuesto al esfuerzo físico y el cambio de hábitos alimenticios hace que mantener un negocio tradicional sea una tarea insostenible.

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