La inteligencia artificial (IA) está por todas partes, ya sea con fines de entretenimiento, educativos, laborales, etc. Ahora el gobierno de Tokio (Japón) utilizó esta tecnología para la prevención.
Además de la simulación, también se explica lo que podría ocurrir si sucede. El reporte del Departamento de Prevención de Desastres del Gobierno Metropolitano de Tokio.
La inteligencia artificial (IA) está por todas partes, ya sea con fines de entretenimiento, educativos, laborales, etc. Ahora el gobierno de Tokio (Japón) utilizó esta tecnología para la prevención.
Se trata de una recreación de cómo sería una gran erupción del Monte Fuji, la montaña más alta de Japón y también el volcán terrestre más grande del país. Además de la simulación, también se detalló lo que podría ocurrir si sucede el fenómeno.
El gobierno de Tokio creo un video de unos tres minutos con IA. El clip comienza con un aviso sobre el uso de las imágenes generadas por ordenador y luego se observa a una joven viendo la erupción en unas pantallas grandes. De pronto la ceniza va cubriendo las calles mientras la población intenta reaccionar.
Cabe recordar que la última erupción del Monte Fuji ocurrió en el 1707. Es decir, ya han pasado más de tres siglos desde entonces y no parece que vaya a despertar en breve. Sin embargo, no hay que olvidar de que es un volcán en activo y sigue siendo vigilado por los expertos.
Desde la página web del Departamento de Prevención de Desastres del Gobierno Metropolitano de Tokio reportaron que la ceniza - en la simulación - podría llegar hasta 110 kilómetros de distancia. De este modo afectaría a Tokio, Chiba y a las cercanías de Shizuoka y Yamanashi, causando cortes de electricidad, fallos en telecomunicaciones, problemas de transporte y riesgos respiratorios.
Además se calcula que alrededor de 14 millones de personas se verían afectadas por la lluvia de ceniza. Ante ese escenario, las calles se inundarían de escombreras grises con muy poca visibilidad, algo que dificultaría mucho el caminar o circular. Los coches quedarían cubiertos de polvo, los supermercados arrasados y sería una atmósfera prácticamente irrespirable, aunque Japón cuenta con protocolos para afrontar un escenario como este.