Todo empezó con una gata callejera buscando comida alrededor de una propiedad. Cuando los residentes prestaron atención, descubrieron que debajo de su casa móvil escondía una camada de pequeños gatos y comenzaron a dejarle alimento y agua mientras buscaban ayuda.
En las primeras observaciones consiguieron contar cinco crías. Un par de semanas después, sin embargo, la madre desapareció y no volvió.
Los pequeños ya tenían edad suficiente para abandonar el escondite y empezaron a aparecer cada vez con mayor frecuencia en el patio. Fue entonces cuando las cuentas dejaron de cerrar.
Los rescatistas llegaron buscando cinco y encontraron siete
Los vecinos continuaron alimentándolos hasta que Coastal Bend Cat Rescue, organización de Corpus Christi, Texas, consiguió liberar un hogar de tránsito.
Mary Huckabee, integrante de la organización, contó que fueron hasta el lugar esperando retirar cinco animales. Cuando pudieron reunir a toda la camada descubrieron dos gatitos adicionales que habían permanecido ocultos debajo de la vivienda.
En total eran siete. Seis tenían pelaje completamente negro y el restante era un macho naranja que inmediatamente quedaba separado visualmente del resto.
Los siete fueron trasladados a la casa de tránsito de Krishna, una voluntaria de la organización.
Seis eran tan parecidos que tuvieron que usar collares diferentes
La convivencia reveló rápidamente el nuevo desafío. Entre los seis negros había tres machos y tres hembras, y físicamente eran tan similares que resultaba complicado reconocer a cada uno a simple vista.
La solución fue asignarles collares diferentes, mientras sus personalidades empezaban a ofrecer otras pistas.
El único que nunca generaba dudas era Cletus, el hermano naranja. Según sus cuidadores, rápidamente se mostró especialmente enérgico y dispuesto a perseguir cualquier juguete que se moviera.
Los demás fueron bautizados Ed Earl, Sally Mae, Ellie Mae, Billy Bob, Skeeter y Daisy Mae.
Pasaron de vivir debajo de una casa al aire acondicionado
Cuando ingresaron al hogar de tránsito atravesaban además un período de temperaturas muy altas.
El cambio fue inmediato: dejaron el escondite exterior para encontrarse dentro de una habitación fresca, con comida disponible, lugares para trepar y personas dispuestas a acariciarlos.
Todos fueron evaluados y tratados veterinariamente. La organización informó que estaban sanos, con buen apetito y cada vez más adaptados a la vida dentro de una casa.
Pronto empezaron también a escapar de su recinto y explorar cualquier estructura disponible.
Mary Huckabee los describió como cariñosos, aventureros y muy curiosos. Cuando los siete ronroneaban al mismo tiempo, el sonido era prácticamente colectivo.
La historia comenzó con vecinos que apenas podían ver algunos movimientos debajo de su vivienda.