Tiziano Lanfredi, un técnico de lavado de autos de cincuenta y seis años, recorre el agua del Golfo de Gaeta con su detector de metales para recuperar los anillos de boda que pierden los bañistas en el mar. Su labor voluntaria en las playas de Scauri lo convirtió en el "Señor de los Anillos".
La pasión de Lanfredi por la detección de metales comenzó hace veinte años, aunque al principio no encontraba casi nada porque requería aprender a calibrar adecuadamente los equipos. Desde hace siete años publica fotografías de los hallazgos en redes sociales para localizar a los propietarios.
¿Cómo busca Tiziano Lanfredi los anillos perdidos en el mar?
Durante cada temporada de verano, Lanfredi atiende un promedio de diez solicitudes de búsqueda. Su rango de acción tiene límites físicos estrictos: solo ingresa al agua hasta la altura del cuello, evitando bucear o adentrarse en el mar abierto. Prefiere las primeras horas de la mañana, cuando las aguas de Sant'Agostino o Sabaudia están calmas y hay pocos bañistas.
La rapidez en la llamada resulta crucial para el éxito de la recuperación. "Si intervengo después de uno o dos días, casi siempre encuentro el objeto; sin embargo, si pasa más tiempo, la búsqueda se vuelve mucho más difícil", explica Lanfredi. Para evitar que terceros con detectores saqueen las joyas por la noche, aconseja mantener la pérdida en absoluta discreción.
¿Por qué el "Señor de los Anillos" no cobra por devolver las joyas?
Cuando el detector emite la señal y el anillo es recuperado, Lanfredi aplica un protocolo de verificación indispensable antes de entregarlo. Exige a los reclamantes que detallen con exactitud el grabado interno de la alianza, un método que impide que personas ajenas se queden de manera oportunista con el oro de los matrimonios.
El técnico realiza esta tarea por pura fascinación y sin exigir compensaciones fijas. Aunque acepta donaciones voluntarias para cubrir los gastos del rastreo, su retribución principal es el valor emocional de las familias. En ocasiones, ha recuperado teléfonos, llaves, collares o pulseras de personas que llevan décadas casadas.
La reacción de los dueños justifica su esfuerzo diario en la costa. Ante la devolución de una alianza que daban por perdida en la profundidad marina, algunos lloran y otros lo abrazan en la playa.