En el norte de Grecia, la península del Monte Athos alberga una comunidad autónoma de veinte monasterios ortodoxos vetada para las mujeres desde hace más de mil años. En este territorio considerado el "jardín de la Virgen María", la restricción rige incluso para las hembras de casi todo el reino animal.
Los monjes defienden que el veto ayuda a preservar su celibato y honrar a la Virgen, única representante de su género en la península. Para acceder a este enclave de la Unión Europea, los hombres requieren visados especiales sumamente limitados. Una vez dentro, conviven con religiosos llegados de todo el planeta para sumirse en una rutina anclada en el Imperio Bizantino.
Soberanía religiosa frente a los reclamos de derechos humanos de la Unión Europea
El régimen de aislamiento genera constantes roces geopolíticos. El Parlamento Europeo solicitó revisar la prohibición por considerarla una vulneración de derechos humanos, pero el gobierno de Grecia sostiene que respeta la milenaria tradición autónoma de la península. Los monjes argumentan que el territorio funciona como una gran propiedad privada de la Iglesia Ortodoxa.
"Espiritualmente, no hay fronteras porque la Montaña Sagrada tiene una naturaleza ecuménica", explica el archimandrita Eliseos, abad de Simonos Petra. Este espíritu de hospitalidad atrae a monjes de catorce países distintos. Sin embargo, la ley civil es implacable con el veto femenino.
¿Qué mujeres desafiaron la prohibición de entrar al Monte Athos?
A lo largo de los siglos, unas pocas mujeres consiguieron infiltrarse disfrazadas de hombres, forzando un endurecimiento en las leyes del enclave:
Los históricos casos de mujeres que burlaron la seguridad
- Aliki Diplaraku: en 1930, la ganadora de Miss Europa, de 18 años, se vistió de varón para peregrinar por los templos. Tras contraer una grave enfermedad que atribuyó a un castigo divino, pidió perdón de manera pública.
- Maryse Choisy: esta periodista de origen francés adoptó la identidad de un marinero para convivir de incógnito durante un mes en la comunidad. Posteriormente, plasmó sus vivencias en un libro detallado.
- María Poimenidou: en 1953, esta ciudadana griega permaneció oculta bajo vestiduras masculinas durante tres días. Su caso generó tal escándalo que el gobierno sancionó la ley que castiga la intrusión femenina con hasta doce meses de cárcel.
La única concesión al reino animal femenino la representan las gatas domésticas, toleradas para controlar plagas de roedores. De esta manera, entre rituales bizantinos de oración, ayunos rigurosos y bosques casi vírgenes, el Monte Athos sigue resguardando su milenario misterio.