4 de septiembre de 2026 - 19:05

Harrison Ford compró un rancho de 800 acres en Wyoming en 1983 y años después protegió 389 acres para que mantuvieran algo que no debía perderse jamás

El actor eligió Jackson Hole cuando ya era una estrella mundial y convirtió el lugar en uno de sus refugios.

Harrison Ford compró un rancho de 800 acres en Jackson Hole, Wyoming, en 1983, el mismo año en que se estrenó El regreso del Jedi y su figura ya estaba instalada entre las más importantes de Hollywood. La elección no fue solamente inmobiliaria: buscaba un lugar con agua, árboles, fauna y una escala de paisaje que no encontraba en Los Ángeles.

La propiedad se extendía junto a un entorno marcado por arroyos, bosques y áreas utilizadas por animales silvestres. Con el tiempo, Ford decidió que una parte importante de ese terreno no debía transformarse en nuevos lotes o construcciones. Para lograrlo recurrió a una herramienta legal que permite mantener la propiedad privada y, al mismo tiempo, limitar de forma permanente determinados usos futuros.

Qué hizo con 389 acres de su propiedad

A mediados de los años 90 ya estaba documentado que Ford había colocado 389 de sus 800 acres bajo protección permanente. Ese sector quedó sujeto a una servidumbre de conservación vinculada con Jackson Hole Land Trust, una organización que trabaja con propietarios privados para proteger espacios abiertos, corredores de fauna, agua y paisajes del noroeste de Wyoming.

Una servidumbre de conservación no significa necesariamente donar la tierra ni abrirla al público. El propietario sigue siendo dueño, pero cede derechos como subdividir, urbanizar o desarrollar determinadas partes del terreno. Esas restricciones quedan asociadas a la propiedad, de modo que también condicionan a futuros dueños y buscan proteger los valores naturales a largo plazo.

Lo que Ford quería conservar no era solamente la vista

En el rancho y sus alrededores se registran especies típicas del ecosistema de Greater Yellowstone. Viejos perfiles del actor describieron ciervos y alces atravesando el terreno, águilas calvas, garzas y truchas nativas en los cursos de agua. Por eso la decisión de limitar el desarrollo tenía un efecto que iba más allá de mantener una postal agradable desde las ventanas de la casa.

Jackson Hole tiene una particularidad: gran parte de la superficie de la región es pública, pero el suelo privado se concentra en zonas bajas importantes para el movimiento de animales y los recursos hídricos. Cuando esas parcelas se fragmentan, también pueden fragmentarse rutas de fauna y espacios abiertos. Las servidumbres permiten que una propiedad privada continúe funcionando como parte de ese paisaje continuo.

Una decisión coherente con décadas de activismo ambiental

La protección del rancho no fue un gesto aislado dentro de la vida de Ford. El actor se vinculó durante décadas con Conservation International y llegó a ocupar cargos de conducción en la organización. Su actividad ambiental incluyó campañas de conservación de biodiversidad y apoyo a mecanismos para proteger grandes extensiones de hábitat.

La diferencia es que en Wyoming aplicó esa lógica sobre su propio patrimonio. En vez de conservar solamente el núcleo donde estaban la casa, el granero y otros edificios, reservó casi la mitad de las 800 acres para que siguieran funcionando como espacio natural. Los planes de construcción quedaron concentrados en sectores mucho más acotados.

El rancho que terminó siendo mucho más que una casa de descanso

Ford diseñó personalmente buena parte de su vivienda en el lugar y participó en trabajos de carpintería y construcción. Sin embargo, la propiedad terminó siendo también una declaración sobre qué hacer con un paisaje cuando uno tiene la posibilidad de desarrollarlo. La respuesta del actor fue dejar una porción enorme sin ese destino.

Más de cuatro décadas después de aquella compra de 1983, el dato que distingue al rancho no es solo su tamaño. 389 acres quedaron legalmente protegidas para conservar hábitat, espacio abierto y recursos naturales. Ese era el elemento que Ford decidió que el crecimiento inmobiliario no debía borrar: la condición silvestre del lugar que lo había llevado hasta Wyoming.

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