4 de septiembre de 2026 - 18:00

Su familia lo había perdido todo, compró 131 hectáreas de campo y tomó una drástica decisión para su desarrollo: nadie podría construir en su propiedad

John Boyer volvió a comprar las tierras agrícolas que le habían pertenecido a su familia durante décadas.

John Boyer creció entre los campos de maíz, avena y trigo de East Jordan, en el estado de Michigan, Estados Unidos. Con el paso de los años, las 131 hectáreas que habían pertenecido a su familia cambiaron de propietarios en varias oportunidades, hasta quedar completamente fuera del patrimonio familiar.

Décadas después, Boyer logró recomprar toda la propiedad. Para él, no se trató únicamente de adquirir tierras agrícolas, sino de recuperar un legado y garantizar que siguieran siendo productivas para las futuras generaciones.

“Para cualquier agricultor, todo es personal. Cada propiedad, cada piedra que recoges, pasas incontables horas allí afuera”, expresó Boyer.

La medida que protege la tierra para siempre

En 2026 dio un paso aún más trascendental: vendió los derechos de desarrollo de la propiedad a la organización ambiental Little Traverse Conservancy mediante una servidumbre de conservación.

El acuerdo le permite seguir siendo dueño de las 131 hectáreas y continuar cultivándolas, pero establece una restricción permanente: la tierra nunca podrá dividirse ni destinarse a urbanizaciones, barrios residenciales o desarrollos comerciales, incluso si algún día pasa a manos de sus hijos o de otro propietario.

Según Boyer, su mayor temor era que el campo terminara fragmentado en pequeños lotes para la construcción de viviendas. “De repente, un campo agrícola desaparece, y desaparece por generaciones. Desaparece para siempre”, afirmó.

La presión sobre las tierras agrícolas de Michigan

La decisión de Boyer refleja una preocupación cada vez más extendida entre los productores rurales estadounidenses.

De acuerdo con el Censo Agrícola 2022 del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), Michigan contaba con aproximadamente 3,84 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura, cerca de una cuarta parte de la superficie del estado.

Esa cifra representa una reducción respecto de las 3,97 millones de hectáreas registradas en 2017. En apenas cinco años, las tierras agrícolas en propiedad de los productores disminuyeron en alrededor de 84.000 hectáreas, mientras también cayó la superficie cultivada bajo contratos de arrendamiento.

El valor del campo sigue aumentando

Mientras la superficie agrícola disminuye, el precio de la tierra continúa creciendo.

Los datos del USDA muestran que durante 2025 el valor promedio de las tierras agrícolas en Michigan alcanzó 16.800 dólares por hectárea, un incremento del 7,8% respecto del año anterior, por encima del aumento promedio nacional del 4,3%.

Esta situación coloca a muchos agricultores ante un dilema: conservar la tierra productiva o venderla para obtener una rentabilidad mucho mayor mediante desarrollos inmobiliarios u otros proyectos.

Jon LaPorte, especialista en gestión agropecuaria de la Universidad Estatal de Michigan, resume esa realidad de forma sencilla:

Hay mucha presión. Hay mucho dinero.”

Qué es una servidumbre de conservación

Una servidumbre de conservación es un acuerdo legal mediante el cual el propietario mantiene la titularidad de la tierra, pero renuncia a determinados derechos de desarrollo a cambio de una compensación económica.

Para organizaciones como Little Traverse Conservancy, este mecanismo ofrece una alternativa intermedia entre vender la granja y conservarla íntegramente.

Actualmente, la entidad protege unas 12.140 hectáreas en el norte de Michigan y la Península Superior, de las cuales aproximadamente 2.430 hectáreas corresponden a tierras agrícolas.

Sin embargo, estos acuerdos suelen implicar un sacrificio financiero, ya que vender los derechos de desarrollo generalmente genera menos ingresos que vender la propiedad para urbanización.

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