Un evento de lluvias extraordinarias transformó la aridez del desierto de Atacama en un tapiz multicolor de 17.000 kilómetros cuadrados. El fenómeno climático Súper El Niño provocó precipitaciones récord que no se registraban desde mediados del siglo pasado, cubriendo el paisaje con más de 200 especies de plantas silvestres en plena floración.
Las lluvias ocurridas entre julio y agosto alcanzaron niveles de entre 160 y 190 milímetros cerca de Copiapó. En un territorio donde la media anual ronda apenas los 15 milímetros, este volumen hídrico rompió marcas históricas no vistas desde la década de 1950.
El despertar biológico bajo la aridez atacameña
La clave de esta transformación radica en el germoplasma, el conjunto de material biológico latente enterrado en la tierra. Semillas, bulbos y tubérculos permanecieron durmientes en el suelo durante 30 o 40 años sin descomponerse. Al recibir un volumen inusual de agua, las estructuras subterráneas absorbieron la humedad necesaria para reactivar su metabolismo e iniciar una rápida germinación masiva. Junto a la vegetación, este proceso hídrico también activó huevos de invertebrados y reptiles del ecosistema local.
Entre la variedad florística destacan especies emblemáticas como la garra de león, los suspiros blancos, los terciopelos naranjas y la roca purslane morada. Estas variedades vistieron llanuras, cerros y quebradas con distintas tonalidades.
Impacto en la biodiversidad y el turismo regional
Especialistas de la Corporación Nacional Forestal confirmaron que se trata de la eclosión vegetal más intensa registrada desde 1997. El despliegue de color atrajo un repunte en la actividad turística, proyectando cerca de 300.000 viajes con pernoctación en la región antes de concluir la temporada en noviembre.