En las afueras de Wendell, en el sur de Idaho, el predio de L&L Classic Auto resguarda unos 8.000 autos fabricados entre las décadas de 1920 y 1990 sobre una superficie de 50 hectáreas. El lugar funciona como un gigantesco museo arqueológico a cielo abierto sin inventario completo.
El origen del enclave se remonta a 1968, cuando el carrocero y pintor Larry Harms acumuló más de 300 unidades en su taller de reparaciones. La concentración de coches alertó al concejo municipal de Wendell, que le impuso una multa y le ordenó desalojar los restos fuera del pueblo. Para reubicarlos, Harms compró 32 hectáreas de tierra desierta por 8.000 dólares y continuó incorporando parcelas linderas junto a su esposa Linda.
¿Por qué el desierto de Idaho conserva los autos antiguos sin óxido?
A diferencia de las zonas húmedas de Michigan o Nueva York, donde la sal de las carreteras acelera el deterioro del metal, el sur de Idaho ofrece condiciones casi desérticas. La escasez de lluvias y la baja humedad relativa ralentizan la oxidación de forma determinante. Esta particularidad climática permitió que carrocerías expuestas a la intemperie durante más de medio siglo conserven molduras, piezas cromadas y accesorios originales intactos.
En la actualidad, el terreno equivale a 90 campos de fútbol entrelazados por senderos de tierra, pendientes rocosas y pastizales. La densidad de unidades es tan elevada que los propios empleados reconocen que resulta imposible confeccionar un catálogo exhaustivo de todo lo que permanece distribuido entre las colinas.
¿Qué joyas mecánicas y repuestos guarda este cementerio de autos antiguos?
La colección reúne ejemplares de la industria estadounidense como modelos de Cadillac de posguerra, Chevrolet, Buick y unidades Ford previas a la Segunda Guerra Mundial, junto a piezas europeas aisladas como el Citroën DS19. Entre los hallazgos más destacados figura un DeSoto Firedome Convertible de 1953, fabricado por una marca extinguida en 1961 y considerado por especialistas como una rareza absoluta dentro de un desguace. También descansan un Mercury Monterey Sun Valley de 1954 con techo de plexiglás y un coche fúnebre Cadillac S&S carrozado sobre un chasis comercial exclusivo de ese mismo año.
Esa preservación convirtió al predio en una fuente estratégica para restauradores internacionales en busca de piezas de carrocería, emblemas o paragolpes descatalogados. Aunque algunos modelos corren riesgo de degradarse si nadie interviene, el predio continúa operando como un banco de repuestos donde miles de vehículos aguardan una segunda oportunidad mecánica.