El estado de Maine implementó una innovadora solución de ingeniería vial al enterrar unos 20.000 neumáticos desechados bajo un tramo de ruta de ripio. El experimento busca resolver el histórico problema del barro primaveral y el congelamiento del suelo, al tiempo que recicla toneladas de caucho.
La acumulación de neumáticos es un desafío ambiental crítico en la región, donde se descartan alrededor de 1,2 millones de unidades al año que suelen terminar en basurales propensos a incendios persistentes y criaderos de mosquitos. Al cortarlos en trozos grandes de dos a tres pulgadas, los ingenieros encontraron una alternativa más económica que el asfalto convencional.
¿Cómo protegen los neumáticos triturados a las rutas del hielo?
A diferencia del ripio tradicional que transmite el frío de manera uniforme, los trozos de caucho actúan como un aislante térmico que ralentiza la pérdida de calor terrestre. Al mismo tiempo, su peso es notablemente menor (una tercera parte de lo que pesa la grava), reduciendo la presión física sobre los suelos inestables y arcillosos. Además, la disposición irregular de los fragmentos genera canales internos que drenan el agua derretida con gran velocidad, impidiendo que el barro ablande el camino.
La prueba se realizó en un tramo de 180 metros de Dingley Road, en la localidad de Richmond. Allí se extendió una capa de chips de goma, que conservaban sus bandas de acero internas, con un grosor de entre 15 y 30 centímetros antes de colocar las capas de ripio tradicionales encima. Para monitorear el comportamiento del subsuelo, Robert A. Eaton, del Laboratorio de Investigación de Regiones Frías del Ejército de EE. UU., instaló más de 100 sensores de temperatura conectados a computadoras en New Hampshire.
¿Qué resultados arrojó la prueba con neumáticos bajo la ruta?
Al llegar la primavera, los resultados confirmaron las sospechas de los expertos. El hielo penetró apenas a la mitad de la profundidad observada en las secciones de suelo común, que terminaron destruidas y llenas de baches.
El ingeniero Dana Humphrey, impulsor de la idea en la Universidad de Maine, descubrió que los neumáticos triturados podían servir de relleno ligero en diversas obras de ingeniería. El éxito abrió el camino para realizar una nueva prueba bajo pavimentos asfálticos convencionales sometidos a tránsito pesado.