23 de septiembre de 2026 - 17:35

Detectan por primera vez señales de radio naturales en un exoplaneta a 63 años luz de la Tierra

Las emisiones de radio proceden de Beta Pictoris b y estarían vinculadas con sus auroras y su potente campo magnético, no con señales de vida extraterrestre.

A unos 63,4 años luz de la Tierra, los astrónomos lograron atribuir directamente emisiones de radio naturales a un planeta situado fuera del Sistema Solar. El protagonista es Beta Pictoris b, un gigante de aproximadamente diez veces la masa de Júpiter cuyas señales ofrecen una nueva manera de estudiar algo invisible a simple vista: su campo magnético.

El hallazgo no representa una comunicación extraterrestre. Los pulsos detectados estarían relacionados con auroras generadas por partículas cargadas que interactúan con el entorno y el campo magnético del planeta, mediante un proceso que también ocurre en cuerpos del Sistema Solar. La diferencia es que ahora los investigadores consiguieron localizar esas emisiones en el propio exoplaneta.

El sistema se encuentra aproximadamente a 63,4 años luz, una distancia relativamente cercana en términos astronómicos.

El sistema se encuentra aproximadamente a 63,4 años luz, una distancia relativamente cercana en términos astronómicos.

Qué señal de radio detectaron los astrónomos en Beta Pictoris b

Las observaciones mostraron pulsos de radio breves y repetitivos con una fuerte polarización circular, una característica asociada con emisiones aurorales.

El equipo utilizó el radiotelescopio MeerKAT, ubicado en Sudáfrica, para observar el sistema Beta Pictoris en cuatro oportunidades entre 2025 y 2026.

Uno de los desafíos era determinar exactamente de dónde procedían las ondas

En detecciones anteriores realizadas en sistemas planetarios, podía resultar difícil establecer si determinadas emisiones tenían su origen en un planeta o en la propia estrella.

Esta vez, los investigadores utilizaron cuásares extremadamente brillantes como puntos de referencia en el cielo para precisar la posición de la fuente.

Por qué estas ondas de radio no son una señal de extraterrestres

Porque existe un mecanismo físico natural capaz de explicar sus características.

Los investigadores relacionan las emisiones con la denominada inestabilidad máser ciclotrónica de electrones (ECMI), un proceso que puede generar potentes ondas de radio asociadas con fenómenos aurorales.

En nuestro propio Sistema Solar existen ejemplos que ayudan a entenderlo

Las partículas cargadas que interactúan con los campos magnéticos pueden producir auroras y emisiones electromagnéticas. Júpiter es particularmente conocido por sus intensas emisiones de radio aurorales.

Por lo tanto, el interés de la señal de Beta Pictoris b no está en una posible civilización distante, sino en la información física que transporta sobre un planeta que no puede estudiarse directamente como los mundos cercanos a la Tierra.

La radioastronomía puede añadir otra pieza: sus campos magnéticos.

La radioastronomía puede añadir otra pieza: sus campos magnéticos.

Qué reveló la señal sobre el campo magnético del exoplaneta

Las emisiones de tipo ECMI están estrechamente relacionadas con el campo magnético del lugar donde se producen.

  • Eso convierte las ondas detectadas en una herramienta para investigar el magnetismo de Beta Pictoris b.
  • Los resultados apuntan a que el gigante posee un campo magnético extremadamente intenso, en línea con modelos sobre su estructura interna y la dinamo responsable de generar ese campo.
  • Las estimaciones planteadas por los investigadores indican que podría alcanzar una intensidad miles de veces superior a la del campo magnético terrestre, aunque su comparación depende de qué región y magnitud del campo se consideren.

La detección abre así una posibilidad particularmente valiosa: estudiar campos magnéticos de mundos situados a decenas de años luz sin necesidad de observar directamente esas estructuras.

El siguiente objetivo será comprobar si la técnica funciona más allá de este caso.

El siguiente objetivo será comprobar si la técnica funciona más allá de este caso.

La importancia de aquellos breves pulsos procedentes de 63 años luz no está en que alguien haya intentado comunicarse con la Tierra. Está en que Beta Pictoris b acaba de ofrecer a los astrónomos una nueva forma de “escuchar” el campo magnético de mundos que hasta ahora solo podían estudiar desde la luz que emitían, reflejaban o bloqueaban.

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