Antonio Carrizo, de quien este martes se cumple el centenario de su nacimiento, fue mucho más que una voz reconocible de la radio argentina. A lo largo de varias décadas construyó una manera singular de hacer comunicación, capaz de unir a Borges con Alberto Castillo, la literatura con el fútbol, el tango con el folclore y la cultura popular con los grandes clásicos.
Nacido como Antonio Carrozzi Abascal el 15 de septiembre de 1926 en General Villegas, desde niño mostró una notable facilidad para la palabra. Comenzó leyendo avisos por las calles de su pueblo y luego fue presentador de orquestas, animador y maestro de ceremonias. En 1948 llegó a las radios porteñas y adoptó definitivamente el nombre de Antonio Carrizo. Pasó por Del Pueblo, Belgrano y El Mundo, donde siete años después ya era jefe de programación.
El revolucionario de la radio
Junto a Jorge Fontana, Carrizo fue fundamental para transformar la radio desde los años 60. Incorporó a la locución la animación, la improvisación y una voz personal. Fernando Bravo recordó que ambos enseñaron a los locutores a ser también "maestros de ceremonias" y a tener "letra propia e improvisación".
Su gran programa fue La vida y el canto, desde Radio Rivadavia. Allí combinaba noticias, fútbol, humor, juegos y una permanente pasión por los libros. Carrizo lo definía como un "programa de autor".
Uno de los momentos más importantes de su trayectoria fueron sus diez conversaciones con Jorge Luis Borges en 1979. Esos diálogos fueron publicados luego como Borges, el memorioso, el libro del que Carrizo decía sentirse más orgulloso. Las charlas se convirtieron en un valioso documento de la cultura argentina del siglo XX.
Una figura también en televisión
Carrizo también fue pionero de la televisión. Participó de la inauguración de Canal 13 en 1960 y condujo distintos ciclos, entre ellos Sábados continuados, por Canal 9, donde compitió con Pipo Mancera.
Su versatilidad lo llevó del periodismo y la cultura al humor. Trabajó junto a figuras como Luis Sandrini, Niní Marshall y Juan Carlos Calabró. Con este último mantuvo una relación creativa durante años y colaboró en la preparación de las rutinas de El Contra.
Su pasión por los libros atravesó toda su vida. Conservaba primeras ediciones y podía hablar de literatura con el mismo entusiasmo que de tango, fútbol o radio. En 2008 publicó junto a Any Ventura Mi antepasado soy yo, aunque nunca quiso escribir formalmente sus memorias.
"Mi piel han sido los libros; mi memoria es General Villegas; mis ojos, todo lo que veo", resumió en una entrevista. Sobre la radio, fue igualmente contundente: "Que me dio absolutamente todo. Me dio la vida y una forma de vida. Y, por qué negarlo, me dio popularidad".
El último tramo
Carrizo también fue titular de la Federación Argentina de Ajedrez y agregado cultural en la embajada argentina en Madrid. Durante sus últimos años continuó vinculado a la radio, aunque dos accidentes cerebrovasculares sufridos en 2009 marcaron el comienzo de su alejamiento de los medios.
Murió a los 89 años, el 1 de enero de 2016. Sin embargo, había imaginado que su voz podía sobrevivirlo. Al terminar una de sus conversaciones con Borges, pensó en estudiantes del futuro escuchando aquellas grabaciones conservadas en los archivos de Radio Rivadavia. De la mano de Borges, decía, podía haber entrado en la inmortalidad.
A cien años de su nacimiento, aquella intuición conserva vigencia. El legado de Carrizo no está solamente en los programas que condujo, sino en una manera de entender la comunicación como un espacio donde podían convivir los libros, el tango, el humor, el fútbol y las grandes voces de la cultura argentina.