A los 73 años, el jubilado turco Halit Aydoan convirtió una iniciativa que comenzó junto a su nieta en una campaña solidaria que llegó a cientos de personas. Desde hace más de una década, ambos recolectan tapitas plásticas de botellas y bidones, las venden a una empresa de reciclaje y destinan el dinero a comprar sillas de ruedas para personas con discapacidad.
La historia comenzó cuando Melike Sarta era una nena y quiso participar de una campaña escolar para ayudar a un chico que necesitaba una silla de ruedas. Con el apoyo de su abuelo, continuó reuniendo tapitas incluso después de que terminó aquella iniciativa. En septiembre de 2020, la pareja de familiares ya había conseguido entregar 373 sillas de ruedas gratuitas gracias al esfuerzo conjunto y a la colaboración de personas de distintas partes de Turquía.
Una campaña que comenzó cuando su nieta tenía cuatro años
Melike tenía apenas cuatro años cuando empezó a juntar las tapitas que encontraba para llevárselas a su abuelo, que vive en Eskiehir, en el centro de Turquía. La idea surgió a partir de una campaña solidaria que conoció durante su infancia y que buscaba reunir plástico para conseguir una silla de ruedas para un chico con discapacidad.
Cuando la iniciativa escolar terminó y ella no había logrado reunir suficientes tapitas, la nena se puso a llorar porque sentía que no había podido ayudar. Su abuelo le prometió que juntos continuarían recolectándolas para colaborar con otras personas. A partir de ese momento, ambos transformaron aquel gesto infantil en un compromiso que mantuvieron durante años.
Cuántas tapitas hacen falta para conseguir una silla de ruedas
El sistema funciona a través del reciclaje. Halit y Melike reúnen las tapitas plásticas, las acumulan en grandes cantidades y luego las entregan a una empresa especializada. El material se procesa para fabricar otros productos, mientras que el dinero obtenido se utiliza para comprar sillas de ruedas destinadas a personas que no pueden acceder a ellas por sus propios medios.
Según explicó Melike en 2020, se necesitaban aproximadamente 30.000 tapitas de bidones grandes o 200.000 tapitas pequeñas de botellas para reunir el equivalente al costo de una silla de ruedas. La cantidad necesaria muestra la dimensión del esfuerzo y por qué la participación de otras personas resultó fundamental para que el proyecto creciera más allá de su ciudad.
Las redes sociales multiplicaron la ayuda en toda Turquía
Con el paso del tiempo, el abuelo y su nieta abrieron cuentas en redes sociales bajo el nombre Dede Torun Mavi Kapak, que puede traducirse como “abuelo y nieta, tapitas azules”. La iniciativa consiguió más de 100.000 seguidores y comenzó a recibir envíos de tapitas desde diferentes ciudades del país.
La colaboración permitió ampliar el alcance de las donaciones y llegar a personas que vivían lejos de Eskiehir. Melike explicó que el trabajo no era solamente de ellos dos, sino de una comunidad que se había sumado para colaborar. También destacó que el reciclaje permitía reducir residuos plásticos y darles una nueva utilidad, al mismo tiempo que generaba recursos para ayudar a quienes necesitaban una silla de ruedas.
El objetivo de llegar a las 1.000 sillas de ruedas
Cuando Daily Sabah publicó la historia en septiembre de 2020, Halit ya había superado ampliamente su meta inicial. El jubilado contó que al comienzo esperaba conseguir 100 sillas de ruedas, pero, después de alcanzar las primeras 373 donaciones, elevó su objetivo a 1.000. Para él, ayudar a otras personas se había convertido en una tarea que quería sostener durante el mayor tiempo posible.
En una actualización publicada por la agencia turca Anadolu en marzo de 2021, el proyecto ya había reunido 130 toneladas de tapitas y conseguido 465 sillas de ruedas. La cifra muestra cómo la campaña siguió creciendo gracias al trabajo de la familia y a los aportes de ciudadanos de todo el país. Detrás de cada entrega hubo una tarea colectiva que convirtió un residuo cotidiano en una oportunidad para mejorar la movilidad y la autonomía de otra persona.