Aquel viernes 3 de abril de 1899 el Departamento de Junín se paralizó por completo. Entre viñedos bajo pleno sol yacía el cuerpo de Julio Luis Salmón, un joven trabajador vitivinícola de origen francés.
Aquel viernes 3 de abril de 1899 el Departamento de Junín se paralizó por completo. Entre viñedos bajo pleno sol yacía el cuerpo de Julio Luis Salmón, un joven trabajador vitivinícola de origen francés.
La descarga se escuchó durante las primeras horas de la mañana y estremeció al resto de los peones que inmediatamente se acercaron, al igual que don Fermín Casterón, dueño de la finca. El espectáculo fue para todos verdaderamente espeluznante: Salmón estaba tendido sin vida, con una enorme herida que atravesaba su tórax. La sangre que manaba de allí alimentó un abundante charco rubí, que no tardó en nutrir a la vid más cercana.
Sólo algunos pasos separaban aquél cuerpo galo del arma supuestamente utilizada: una radiante escopeta Laffouchet -de dos cañones- perteneciente al extinto. La policía no tardó en hacerse presente y comenzar con sus investigaciones. Por algunos indicios –que no dieron en detalle al periodismo- no descartaban la hipótesis de un homicidio, aunque el hombre había intentado suicidarse meses atrás con el mismo elemento.

La prensa dio a conocer el caso así, el 4 de abril, leemos en Diario Los Andes que su muerte "debe haber sido instantánea, pues toda la carga de la escopeta la recibió en el pecho (…) Entre las ropas que Salmón conservaba en su habitación, se han encontrado varias cartas y papeles; en una de ellas que lleva fecha de diciembre del año pasado y que parece ser borrador de una carta que dirigió a un tío que reside en Francia – dice que va a matarse y culpa al tío de ser el causante pues fue él quien lo indujo a venir a América. La carta, o mejor dicho el borrador, está escrito en francés y concluye maldiciendo a su tío".
Hacía veinticuatro meses que este extranjero de 28 años residía en Mendoza. Al parecer, estas tierras no llenaron sus expectativas y esto lo unió en una profunda depresión. Quizás imposibilitado para regresar al país de Napoleón y cuna de la Ilustración, su decisión fue dejar de existir.
Por todo esto la explicación de un suicidio no dejó de ser coherente, aunque quedaron ciertos cabos sueltos. El más significativo fue la distancia entre el lugar donde aparentemente se disparó y donde encontraron su cadáver. La ciencia forense aún estaba a años luz de dar explicaciones certeras por lo que un caso que hoy sería fácil de resolver terminó sepultado en algún rincón de la provincia, al igual que Salmón y sus sueños.