Casi dos millones de catalanes votaron este domingo sobre su independencia en una consulta sin ningún valor legal, pero histórica para el nacionalismo, y en claro desafío del gobierno regional a la prohibición impuesta por Madrid.
Casi dos millones de catalanes votaron este domingo sobre su independencia en una consulta sin ningún valor legal, pero histórica para el nacionalismo, y en claro desafío del gobierno regional a la prohibición impuesta por Madrid.
A las 9 horas locales abrieron entre aplausos los colegios electorales permitiendo votar a las personas que habían formado colas desde primera hora de la mañana.
Personas de todas las edades hicieron largas colas frente a los colegios que, entre aplausos de los asistentes, abrieron y funcionaron con normalidad pese a la suspensión decretada por el Tribunal Constitucional a petición del ejecutivo español de Mariano Rajoy.
Después de identificarse e inscribirse en un censo no oficial, los votantes depositaron en una urna de cartón su respuesta a la doble pregunta: "¿Quiere que Cataluña sea un Estado? En caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?".
En el colegio Pía Balmes, donde participará el presidente nacionalista Artur Mas, un joven de 16 años, Martín Arbaizar, votaba por primera vez en su vida junto a su hermana, María.
"Es una oportunidad que no podemos dejar pasar. Cuánta más gente vote, más ruido haremos y mejor será", dice Martín.
"Llevamos mucho tiempo pidiendo este voto y por fin hay algo, aunque no sea oficial, para que podamos expresar lo que sentimos", añade su hermana mientras jubilados, jóvenes y familias con hijos esperan su turno.
A dos horas de cerrar los colegios, 1,98 millones de personas habían depositado sus papeletas, informó el gobierno regional, que podría salir reforzado políticamente en su pulso con Madrid.
"Es una cantidad insólita (...) teniendo en cuenta que es una consulta no legal", apuntó el filósofo y analista político Josep Ramoneda, observando que esto "debilita a Rajoy"
A diferencia del Reino Unido, que el 18 de septiembre permitió un referéndum en que los escoceses rechazaron la secesión, Rajoy consiguió suspender el escrutinio en dos ocasiones recurriendo al Tribunal Constitucional.
Pero después de renunciar al referéndum convocado inicialmente, Mas impulsó esta votación sin valor jurídico y la mantuvo, pese al veto del gobierno, en una maniobra que puede considerarse como desobediencia civil.
Amparándose en la libertad de expresión del pueblo catalán, llamó a votar sin miedo en este escrutinio que no tiene censo oficial ni comisión electoral y está organizado por casi 41.000 voluntarios.
De Sídney a Nueva York, pasando por México DF o Sao Paulo, cientos de catalanes residentes en el extranjero también se movilizaron para la ocasión.

Más consideró al 9N un éxito
El presidente regional de Cataluña, el nacionalista Artur Mas, celebró que la simbólica votación de este domingo sobre la independencia fue "un éxito total" con "claramente más de dos millones de personas" participando pese al veto impuesto por Madrid.
"Que nadie lo olvide, especialmente el gobierno español, Cataluña una vez más ha demostrado que quiere gobernarse a ella misma", dijo en una comparecencia en Barcelona una vez terminada la votación que supuso, para él, "un paso de gigante en nuestra legítima aspiración de decidir pacíficamente y libremente nuestro futuro".
De manera muy diferente se entendió la jornada en Madrid, donde el ministro de Justicia, Rafael Catalá, en nombre del gobierno español, la definió como "propaganda política organizada por fuerzas partidarias de la independencia y carente de cualquier tipo de validez democrática".
"Lamento que las primeras reacciones en Madrid han sido una vez más reacciones de mucha miopía política y mucha indiferencia, cuando no de intolerancia", respondió en Barcelona el presidente regional.
"Me sabe mal porque hoy tenían una oportunidad de oro de entender el mensaje de la voluntad catalana", añadió Mas.
En este sentido, recordó los ejemplos de Escocia en septiembre y Quebec en 1995, que pudieron votar en sendos referendos sobre su independencia de mutuo acuerdo con el Reino Unido y Canadá, respectivamente.
"Todas las naciones tienen derecho a decidir su futuro y la lección de democracia y participación que ha dado Cataluña refuerza este derecho natural que tienen todas las naciones y que los Estados democráticos maduros respetan y hacen posible ejercer", dijo.
Reelegido presidente en 2012 tras prometer la celebración de un referéndum en la región, impedido por Madrid, Mas impulsó esta votación simbólica, sin ningún efecto jurídico y organizada por voluntarios, que terminó realizando pese a la suspensión del Tribunal Constitucional.
"Un punto de inflexión"
La jornada, bautizada como "9-N", es histórica para el nacionalismo de esta región orgullosa de su idioma y su potencia económica, que representa casi una quinta parte del PIB español.
Para Muriel Casals, presidenta de Omnium, una asociación de defensa de la cultura catalana, el "9-N" es un "punto de inflexión" en la crisis con Madrid iniciada en 2010, cuando el Tribunal Constitucional impugnó parcialmente un estatuto que mejoraba el autogobierno de Cataluña y la definía como "nación".
Desde entonces, a la sombra de una profunda crisis económica e institucional en España, la apuesta por la secesión sedució hasta a un 50% de la población según los últimos sondeos. Antaño moderado, Artur Mas radicalizó su postura en 2012 después de que Rajoy se negara a conceder autonomía fiscal a Cataluña.
"Se ha desencadenado un deseo de cambio y hay que cambiar construyendo un país nuevo", afirma Casals que, junto a la Asamblea Nacional Catalana (ANC), fomentó las grandes manifestaciones independentistas de los últimos años.
Para ellos, poco importa infringir la legalidad: "Las sufragistas también estaban en la ilegalidad pero su movimiento era legítimo", dice el abogado Ricard Gené, de la ANC.
"Quieren que no hables. ¿Te quedarás sin decir nada?", preguntan en sus carteles propagandísticos.
En el otro bando, los contrarios a este proceso denuncian que se ha engañado a los catalanes convenciéndoles de celebrar un referéndum de secesión "ilegal y antidemocrático".
"Somos españoles y catalanes y a nosotros nadie nos tiene en cuenta", lamentaba una manifestante unionista, Mercedes Gargallo.
Por ello, la atención no se centra tanto en los resultados, esperados para el lunes, sino en la participación que se conocerá por la noche.
Una alta movilización reforzaría la posición independentista en vistas a negociar un referéndum oficial con Madrid, como propone Mas, o incluso para emprender un proceso unilateral de ruptura con España como propone el pujante partido independentista ERC.