Tantas veces pasamos apurados por el Km 0 y no reparamos en nada. Vamos de compras o a hacer algún trámite y el entorno nos parece el mismo de siempre. Puede ocurrir que en nuestro paso apurado nos encontremos con gente que pasa por allí en otro plan, sin prisas y con ansias de disfrute.
Y sí, claro, son turistas. Es que entre las paradas que están previstas en el tour urbano figura el Pasaje San Martín, un atractivo indiscutido que los forasteros se interesan por apreciar. Algún distraído puede preguntarse por qué, entonces acá van algunas explicaciones.
Mañana, el tradicional edificio cumple 87 años y la fecha parece ser una invitación para mendocinos y visitantes a entrar y recorrerlo con otros ojos. Se trata de una de las obras más relevantes de la capital mendocina y es Patrimonio Arquitectónico y Artístico y Patrimonio Cultural (este último tanto de la ciudad como de la provincia).
Cuentan los libros de historia que el autor intelectual fue el bodeguero Miguel Escorihuela Gascón. La inspiración la habría tomado de los grandes pasajes comerciales de su época, como la Galería Vittorio Emmanuelle II en Milán o las Tiendas Au Bon Marche, es decir las conocidas Galerías Pacífico de Buenos Aires. Entonces, allá por 1926, el ingeniero Ludovig Froude se encargó del proyecto y la dirección estuvo a cargo de su colega Edmundo Romero.
Una vez terminado fue el primer edificio en altura para galerías comerciales, departamentos y oficinas, y hasta 1954 el más alto. Se levantó con hormigón armado, por lo que es sismorresistente. En aquellos tiempos, los mendocinos miraban con desconfianza una edificación tan alta. Los temores se disiparon después del fuerte temblor de 1927, cuando pudieron constatar que muchas casas se habían venido abajo pero el Pasaje San Martín seguía en pie.
Belleza arquitectónica
Los que llegan todos los días hasta allí para trabajar parecen no acostumbrarse a sus encantos y son los que suelen hacer la invitación a recorrerlo y a prestar atención a los detalles. Son ellos los que, orgullosos, brindan a los visitantes folletería que explica las características de la construcción. "Es tan bello; nosotros conocemos todos sus rincones secretos", dice Brenda Junín de PerAqua, una tienda de productos gourmet & relax que funciona en el Pasaje.
Es bien menduco, pero tiene raíces europeas. El lenguaje en sus fachadas mixtura elementos de diversas corrientes estilísticas, algunos clásicos, otros afrancesados -como las mansardas y las balaustradas- y otros modernistas -como los balcones de la planta semicircular.
Galerías de doble altura conectan con calle 9 de Julio y Sarmiento con bóvedas casetonadas de cañón corrido con tres cúpulas que contienen iluminación cenital mediante claraboyas de vitrales.
Los ascensores fueron diseñados para que reflejaran el desarrollo de Mendoza, todo el material liviano y los mármoles del frente fueron traídos de Inglaterra y la grifería de Alemania.
Los pasillos y el hall central están coronados por los vitrales franceses. El diseño cromático que tienen sirve para destacar las formas y aportar una iluminación única, la misma desde su apertura. De estilo Art Nouveau, tienen motivos florales y fueron hechos con vidrios esmaltados unidos con plomo trafilado y soldados con estaño.
Otro dato interesante es que la cocción fue hecha en hornos de leña o carbón, lo que le aporta características distintas a las obras que se hacen en la actualidad. Sin duda, son piezas invaluables.