Ya todos sabemos la presión psicológica (sumada a la vacuidad del consumo a gran escala) que sufren las estrellas de la farándula (sea la nuestra, sea la de Hollywood, sea la que sea). Esa presión y vacuidad planta territorio, especialmente, en el cuerpo femenino. Las mujeres referentes de la industria del entretenimiento no pueden: envejecer -con el peligro de muerte que eso implica (?) -arrugarse, ponerse ‘feas’.
Bajo esas premisas las estrellas, de aquí y de allá, comenten atrocidades con su cuerpo: Angelina Jolie se quitó varios órganos por las dudas de que le dé cáncer, Cher tiene más operaciones que piel por centímetro cuadrado, y muchas -casi todas, digamos las cosas como son- han recurrido a la cirugía serial que les transforma el rostro en un ‘modelito estándar’ hinchado de botox. Entre todas esas, está Meg Ryan (54) que fue una de las más criticadas por cómo deformó sus facciones luego de la batalla contra lo inevitable.
Ahora, recién separada de su último esposo John Mellencamp, salió a hablar sobre “la edad y el paso del tiempo”. Lo hizo en la revista Porter, donde dijo que no le preocupa la “percepción de la belleza que tiene Hollywood” y siguió: “Amo mi vida ahora mismo, amo a la persona en la que me he convertido, la persona en la que he madurado. En mi vida he sido totalmente incompleta, pero me siento más relajada, creo que todo viene con la edad”. Un discursito para la gilada, Meg; porque el bisturí, en tu rostro, ¡no para!