Si efectivamente se usó gases neurotóxicos el pasado miércoles cerca de Damasco, los inspectores de la ONU podrán fácilmente encontrar e identificar los rastros, a condición de que puedan tomar muestras en el lugar del presunto ataque y en las víctimas, aseguran los expertos.
“No debería ser difícil, sobretodo si se trata de moléculas de tipo sarín o otras conocidas”, estima Pascal Klintz, toxicólogo y experto médico-legal francés.
“Si los inspectores de la ONU toman las muestras correctas, de sangre, orina, en los tejidos grasos -en donde se fijan-, y en la ropa, no habrá ninguna dificultad analítica en llevar a cabo este tipo de investigación, aun cuando haya pasado un período largo”, asegura Klintz.
Incluso cinco días después del presunto ataque, “hay grandes posibilidades de encontrar sarín y sus derivados en el suelo, en municiones que estallaron, y en fluidos corporales como en la sangre o en la orina”, explica el doctor Alastair Hay, especialista en toxicología de la Universidad británica de Leeds.
“En algunos individuos que sufrieron intoxicaciones severas, se puede encontrar rastros de sarín hasta seis semanas después de la exposición”, afirma Hay, que estudia los efectos de las armas químicas desde hace más de treinta años.
“En el entorno, este margen es aún más grande. Durante una investigación que llevé a cabo en el Kurdistán iraquí, encontramos, cuatro años después, gas mostaza, gas neurotóxico y sus derivados en el suelo, en los lugares donde estallaron las municiones”, sostiene el experto británico.
Todo dependerá entonces de la libertad que tendrán los expertos internacionales en Siria para llevar a cabo sus investigaciones.
Para ello, los investigadores deberán “ir a los lugares que ellos mismos fijaron, entrevistarse con todas las partes (gobierno, rebeldes, médicos y víctimas), llevar ellos mismos a cabo exámenes o muestras en las víctimas fallecidas”, detalla Patrice Binder, ex médico general inspector del Servicio de salud del ejército francés y especialista en armas químicas.