A mitad del show, Lisandro Aristimuño se hizo cargo de la luz, como todos los mendocinos esperábamos. Y no solo eso, agregó: "También me hice cargo del gas, del agua, del alquiler", tirando palitos por la suba de tarifas.
A mitad del show, Lisandro Aristimuño se hizo cargo de la luz, como todos los mendocinos esperábamos. Y no solo eso, agregó: "También me hice cargo del gas, del agua, del alquiler", tirando palitos por la suba de tarifas.
Acto seguido cantó una emotiva versión de ese tema, que muchos esperábamos, porque de alguna forma también es una canción nuestra: la compuso después de que viviese un tiempo acá, librado a la suerte de las acequias y los zondas. Y ahora estaba despojada y sencilla, porque la cantó solo con su guitarra. Ah, y también con una luz solitaria que lo cubría solo a él, humildemente.
Y la luz, en sus tenues, potentes y hasta psicodélicas formas, fue la otra gran protagonista del show, que ya había empezado a las 22.15 (45 minutos más tarde de lo previsto). Fue la noche del sábado, y comenzó con un preludio atento al concepto que se vertía: tres luces blancas y potentes. Solo tres, como las Tres Marías, con un fondo rítmico y pulsátil que pronto avanzó hasta devorarse al público y que se mantendría como base de esta larga arquitectura, llena de efectos, sonidos lejanos, loops y supernovas de colores y sonidos.
Sí, el Stadium Arena Maipú ya había empezado a entrar en calor. Lo hizo al principio con algunas de las canciones del último disco del rionegrino, "Constelaciones" (2016), que fue su excusa para volver a Mendoza, aunque la mayor parte de estas dos horas y media de show (siempre son largos, sí) fueron clásicos y retrospecciones. Él: suelto, seguro, con sus falsetes intactos. El público: sincero y constelado alrededor del ídolo.
Así empezó todo en este debut en el estadio, que -reducido a los costados- se veía repleto y ansioso. En "Voy con vos", "Good morning life", "Hijo del sol" (con solo de guitarra aplaudido merecidamente) y "Una flor" ya vimos una (¿nueva?) faceta rockera, con sonidos más convencionales de los que estábamos acostumbrados a escucharle. Fueron recibidas con aplausos, sí, pero no con el entusiasmo que el público empezaría a mostrar poco después, cuando -después de algunos problemas técnicos- arribó esa complejísima y hermosa travesura musical que fue "Mundo anfibio" (2012).
Las canciones después irían de clima en clima. Por ejemplo: desde la tristeza y desolación ("De nuevo al frío") hasta la euforia vital ("Azúcar del estero"). En "How long" su hermana Rocío zapateó hasta el borde de las posibilidades físicas y fue uno de los momentos más altos de la noche. En "Green lover", dedicado a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la oscuridad lo cubrió y una luz nos apuntó, antes de que con "Pozo" y "Es todo lo que tengo" cerrara el show.
Pero no: los aplausos lo trajeron de vuelta, y con Ariel Polenta al teclado cantó "Respirar". Y hubo dos bises más. En "Canción de amor", donde recordó a Silvio Rodríguez, cantamos con él, y en "Elefantes" también, pero con más power.
"Todo se hunde en la noche", cantaba Aristimuño, mientras coreaba el estadio entero de pie. Eran ya las 0.46 y, más allá de esa noche avanzada, nosotros ya nos habíamos hundido también en él.
Ficha
Lisandro Aristimuño presentó "Constelaciones"
Fecha y hora: Sábado 3 de junio, a las 21.30
Lugar: Arena Maipú Stadium.
Calificación: Muy bueno