5 de septiembre de 2026 - 00:30

Orgullo mendocino: Cecilia Pillado lleva dos conciertos para piano a lo más alto de la música europea

El álbum "Gin-Ger", que reúne conciertos para piano de Ginastera y Gershwin, recibió dos medallas de oro en los European International Music Awards.

Hay músicas para piano tan intensas que parecen querer llevar al instrumento hasta el límite de sus posibilidades físicas. Y Cecilia Pillado lo comprobó con sus propias manos con Ginastera: sintió cómo su Concierto para piano N.º 1 rompía (literalmente) las agitadas cuerdas del Steinway.

El episodio fue mientras preparaba un concierto que hoy, bajo la luz de las décadas, adquiere nuevos sentidos: lo interpretó en 1994 junto a la Anhaltische Philharmonie Dessau y bajo la dirección Gunter Neuhold. El registro, de antología, fue recuperado, digitalizado y lanzado en "Gin-Ger", donde también se puede escuchar otro concierto clave en su carrera: el Concierto en Fa de George Gershwin, interpretado el 25 de junio de 1993, en el Auditorio Juan Victoria de San Juan. Pillado estaba al piano y, frente a la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de San Juan, se encontraba el maestro cordobés Carlos Giraudo.

La pianista mendocina radicada en Alemania, con el sello Tango Malambo, contribuyó así a dejar testimonio de un repertorio prácticamente desconocido en esa época. Disponible en Spotify, el disco acaba de recibir dos de las máximas distinciones de los European International Music Awards (EIMA): medalla de oro como Mejor Instrumentista de Clásica y Contemporánea y como Mejor Álbum Solista en Piano de Clásica y Contemporánea.

"Gin-Ger" juega así entre dos tradiciones, apoyándose en la versatilidad de una intérprete capaz de pasar de la violencia rítmica y la densidad sonora del compositor argentino a la sofisticación jazzística del estadounidense.

La historia de "Gin-Ger" se inscribe, además, en una trayectoria marcada por el desplazamiento. Hace más de tres décadas que Pillado reside en Alemania, donde desarrolló una carrera que nunca quedó confinada al repertorio pianístico. Su recorrido europeo incluye dos décadas de trabajo como actriz en televisión y una actividad vinculada actualmente al doblaje para el mercado europeo. A la interpretación se sumaron posteriormente la composición y el cine, en un itinerario artístico difícil de reducir a una sola disciplina.

- ¿Qué sensación produce que una interpretación del pasado vuelva de pronto al presente con semejante reconocimiento?

- Bueno, yo me siento súper contenta, porque quiere decir que también otras personas y jurados capacitados tienen la misma opinión que yo. Porque no importa si es del pasado o si es del presente: es cómo se tocó ese día, cómo es esa grabación. Y yo tengo algunas "highlights", algunas cosas en mi vida que fueron grandes cosas. Yo soy muy buena pianista, pero hay cosas que a mí misma me sorprenden más que otras. Los dos conciertos son de diferentes grabaciones, pero son de la misma época. Y están grabados en vivo, con micrófonos súper viejos. Cuando los escuché, no lo podía creer. El de Ginastera fue grabado desde la tercera fila, con una de esas caseteras que había en los años 90. Me sorprende cómo en un cassette haya quedado toda esa magia.

- ¿Qué recordás de esa noche?

- Es lo más complejo que yo toqué en mi vida. Yo no puedo creer que me haya salido tan bien esa noche. Mucho tiene que ver la orquesta, por supuesto. Es una cosa dificilísima ese concierto. Como si yo fuera otra persona, me desligo de la pianista y digo: “Uy, sí, estuvo re bien”. Entonces, eso fue uno de los motivos que me llevó a digitalizar estas cosas y hacer el disco, que estuvo nominado a los Premios Gardel. Esta es la primera sensación siempre: “Gracias, gracias, gracias y gracias”. No sé, al destino y a Dios, porque suceden estas cosas.

Un concierto para piano que marcó su carrera

- Definiste el Concierto N.º 1 de Ginastera como una de las obras más difíciles que tocaste en tu vida, incluso por encima de compositores como Rachmaninoff o Liszt. ¿Qué tiene esa obra que la vuelve tan desafiante para una pianista?

- Lo de Ginastera es lo más difícil que yo toqué en mi vida. Yo he tocado los conciertos de Rachmaninov y también estudié sus preludios y estudios, que son dificilísimos, pero es otro tipo de técnica, porque es muy pianística. Pero Ginastera escribía sin ser pianista y propone cosas muy difíciles: desde saltos y manos una arriba de la otra a muchísima velocidad, pero "pianissimo". El segundo movimiento, que es un "Scherzo allucinante", realmente es alucinante, porque es todo "pianissimo" y vas de arriba para abajo, tocando todas esas teclas rapidísimo. Es dificilísimo, con dobles notas, saltos… La "Toccata concertata", que es el cuarto movimiento, también es una lucha, no con la orquesta sino contra la orquesta, porque la orquesta va fuertísimo y el piano también. Por supuesto, mientras lo estudiaba se me rompieron cuerdas del piano, aunque fuera un Steinway, porque es terrible la fuerza física que un pianista necesita para tocar ese concierto. Yo tenía un colega pianista de acá que me decía que yo tenía una “fuerza masculina” para tocar el piano. Porque mucha fuerza física se necesitaba. Ginastera también tiene sonatas muy desafiantes, pero el concierto es más: es lo que se dice un "rompepiano". Pero bueno, así es Ginastera. Tiene también su Sonata N.º 2 y la N.º 3, que son terribles. Por eso quizás tampoco hay mucha gente ni muchas grabaciones de eso. Realmente no las hay. Y por eso estoy muy orgullosa de haberlo hecho y de tener esa versión tan fantástica. Mucha gente de Buenos Aires, amigos, me dijeron: “No puede ser que hayas tocado eso. ¿Cómo salió así? ¿Y la calidad de la grabación?”. Es la energía. Lo lindo de este disco es que la energía en vivo, con los aplausos y la gente, es otra cosa. Celibidache, que era mi maestro de fenomenología, estaba en contra de las grabaciones de estudio porque no eran la verdad. La verdad, decía, estaba en el escenario.

- ¿Sentís que vivir tantos años en Alemania transformó tu manera de escuchar, tocar y pensar la música argentina?

- Cuando en los años 90 saqué mi primer disco de piano solo, con Ginastera y Piazzolla, la situación era muy diferente. Piazzolla murió en 1992. Yo lo conocía desde antes, desde los años 80, pero en ese entonces nadie tocaba Piazzolla. Cuando saqué mi disco, nadie tocaba Ginastera en Argentina, ni siquiera Dora de Marinis, que es mendocina y que luego hizo todos esos discos con la Fundación Ostinato. Cuando murió Piazzolla, en 1992, dije: “Bueno, voy a ver qué puedo arreglar”. A mí me llevó años hacerlo, e incorporar el repertorio de Ginastera y, por supuesto, luego conocer a Guastavino. Para mí ellos tres eran una manera de acercarme a la música argentina. Quizás, si me hubiera quedado en Argentina, no me habría acercado tanto. Pero sí, estando en Alemania fue todo desde otra óptica. Yo me preguntaba por qué, si vos ves los programas de los años 90 en Argentina, nadie tocaba música argentina. Recién en los años 2000 y 2010, otras discográficas empezaron a descubrir esa música. En ese sentido, yo fui pionera. Mendoza fue pionera con la difusión de la música académica argentina. Pero claro, por ahí la cuestión de estar afuera y tener nostalgia… porque tenemos mucha nostalgia los que estamos afuera. De Mendoza, imaginate cómo extraño Mendoza: el sol, la montaña y todo. Siempre, nunca voy a dejar de extrañar.

Las compositoras que el público quiere conocer

A la par, Pillado empezó un proyecto musical que podría tener a la propia Martha Argerich como protagonista. Comenzó a tomar forma a partir del encuentro entre la pianista y compositora y la española Isabel Pérez Dobarro, ganadora de un Latin Grammy. La iniciativa busca recuperar y poner en circulación un repertorio escrito por mujeres compositoras que, pese a su valor musical, permaneció durante décadas fuera de los grandes escenarios.

El programa contempla obras para dos pianos de compositoras como la francesa Cécile Chaminade y la estadounidense Amy Beach, además de piezas de Mélanie Bonis, todas vinculadas con la tradición posromántica y los primeros años del siglo XX. A ellas se sumarán obras para cuatro manos de Clara Schumann y Fanny Mendelssohn Hensel, representantes de una generación anterior, junto con composiciones contemporáneas.

Pero la propuesta podría sumar una figura de enorme peso: Martha Argerich. La pianista argentina ya conocía la iniciativa y, en una primera instancia, recomendó el proyecto de Pérez Dobarro. Más tarde surgió la posibilidad de que ambas trabajaran juntas sobre el repertorio. Las partituras ya fueron enviadas a Argerich, aunque todavía resta que la pianista pueda estudiarlas y definir su participación. Su agenda internacional, marcada por constantes presentaciones en Europa y Asia, hace que los tiempos del proyecto permanezcan abiertos.

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