La etimología de la palabra “administración” refiere a la acción y efecto de servir. Una de sus acepciones, según el diccionario de la Real Academia Española, es “Gobernar, ejercer la autoridad o el mando sobre un territorio y sobre las personas que lo habitan”, lo que sería sinónimo de mando o autoridad sobre una jurisdicción. Pero existe otra acepción: “Graduar o dosificar el uso de algo, para obtener mayor rendimiento de ello o para que produzca mejor efecto”.
Si nos posicionamos en el primero de los significados, podemos decir que el Gobierno de Mendoza ha cumplido con su rol como administrador de los destinos de la Provincia. Pero si vamos a la segunda acepción ya no le correspondería tal calificación. El gobierno de Paco Pérez no ha logrado, desde lo financiero, graduar o dosificar el uso de los fondos públicos para obtener un mayor rendimiento del dinero de los mendocinos.
Los recientes cruces con el radicalismo en virtud de la cuestión del endeudamiento muestran la irresponsabilidad del actual gobierno en el manejo de las cuentas públicas. Por enésima vez se vuelve a solicitar deuda para gastos corrientes, algo que hasta un estudiante de contabilidad en el secundario reconocería como inviable.
La liviandad con la que el Gobierno y sus funcionarios han tomado esta cuestión muestra a las claras el poco interés que muestran por servir a los intereses de los mendocinos. Más allá de cuál sea el número definitivo de la deuda provincial, los números mostrados por Los Andes en su publicación del domingo 26 de julio muestran que la Provincia ya está en rojo fiscal y que el panorama de aquí a diciembre es catastrófico.
Siguiendo la tónica populista del gobierno nacional, la gestión de Pérez ha multiplicado el gasto público improductivo, ha incrementado la planta de personal a niveles inusitados -sin que por ello haya mayor eficiencia en la administración pública- y ha provocado que la Provincia se encuentre hoy en una situación de gravedad fiscal que representará una hipoteca y una bomba de tiempo para el próximo gobierno.
El peronismo recibió una provincia ordenada y se va con una provincia en déficit. A esta encrucijada se suma el estado lamentable de los sectores productivos de la provincia -en el marco de la agonía general de las economías regionales- a lo que el gobierno provincial no ha brindado ninguna solución.
Visto este panorama, el veredicto dado por la ciudadanía en las urnas en junio pasado debería hacer reflexionar a la dirigencia política del Gobierno sobre su condición de servidores públicos y sobre la importancia de la tarea que la sociedad les encomienda cuando les confía a través del voto la noble tarea de “administrar” la casa de todos los mendocinos, con su verdadero significado de servicio al bien común y de gestión para obtener mejoras.
Y debería también obligarlos a dejar de lado su soberbia y la ceguera adrede con la que se están manejando frente a sus responsabilidades institucionales.
Andrés Abraham - DNI 34.625.419