Aclaremos: todo esto es un guión. La realidad, amigos, no existe; y mucho menos por tevé. Lo grave es el ‘discurso’ que trasunta este guión. Porque Jorge Rial, de amante incondicional se ha convertido en verdugo impiadoso de la mujer que -decía él- amaba con locura. Y con ese estandarte, el conductor no repara en barbaridades con las que definir a quien fuera su ex novia: la ‘Niña’ Loly.
Por estos días Rial se dedicó a destruir la imagen pública de la chica contándole a quien se ponga frente al televisor supuestos detalles de su vida privada y la de su ex. Que la ‘Niña’ Loly llevó a la hija de Rial a Esperanto. Que la ‘Niña’ Loly es una adúltera: “además de la trapisonda que hizo y otras cosas que me enteré. Las relaciones con un bailantero que está relacionado con el narcotráfico y un chico muerto”, apuntó Rial.
A esta condena pública, por cuestiones de la supuesta vida privada, se le suman fotos de la vedette cordobesa besándose con otro hombre, y que la revista Caras publicó junto a una nota de Jorgito hablando pestes de la morocha. Según la revista, las fotos son de un salteño con el que Loly salía antes de conocer a Rial (pero a los efectos del enchastre, da igual, parece). Más allá de lo anecdótico y perverso de todo esto, nos preguntamos: ¿por qué se sigue fomentando, en los medios, una construcción tan retrógrada sobre lo femenino? Esto es demasiado.