Entre los tantos lugares comunes que se repiten sobre nuestra historia, sin respaldo documental alguno, es que la dirigencia de la llamada generación del 80 era indiferente a las vinculaciones con los países sudamericanos.
Entre los tantos lugares comunes que se repiten sobre nuestra historia, sin respaldo documental alguno, es que la dirigencia de la llamada generación del 80 era indiferente a las vinculaciones con los países sudamericanos.
Por supuesto que la relación con Europa y sobre todo con la principal potencia de la época, el Reino Unido, era esencial para obtener inversiones y tecnologías que con la educación popular y la llegada de inmigrantes, eran claves para poder convertir un país pastoril primitivo en una nación moderna. Pero de ninguna manera hubo lejanía con países de similar origen y cercanos al nuestro.
En tal sentido es interesante recordar el Congreso Sudamericano de Derecho Internacional Privado que tuvo lugar en Montevideo en 1888, promovido por el gobierno argentino. Ese Congreso contó con la asistencia de delegados de Brasil. Bolivia, Perú, Paraguay y Chile además de la Argentina y Uruguay. Los delegados argentinos fueron los futuros presidentes de la Nación doctores Roque Sáenz Peña y Manuel Quintana, los mismos que en 1889 nos representaron en la primera Conferencia Panamericana celebrada en Washington.
El canciller argentino era Norberto Quirno Costa, quien planteó que al Congreso se invitara sólo "a los Estados de Sudamérica, teniéndose presente que éstos se encuentran vinculados entre sí por los intereses políticos, comerciales y aún de vecindad. Los demás estados, del Norte y del Centro de la América o no vendrían o llegarían tarde o tal vez alguno de ellos asumiera un papel de supremacía inconveniente".
Estaba claro que se quería evitar la participación de los Estados Unidos, país que pretendía establecer una unión aduanera que limitara el comercio del continente con Europa, esencial para el progreso argentino.
El Congreso de Montevideo aprobó normas de derecho internacional civil y comercial, de propiedad literaria y artística, marcas, patentes, derecho penal y procesal. En los debates se insistió en la defensa de la independencia y soberanía de los estados
Este acontecimiento contó en el acto de clausura con la asistencia del presidente argentino Miguel Juárez Celman, era la primera vez que un presidente de nuestro país, en funciones, viajaba al exterior. La diplomacia presidencial sería seguida por Roca en su segunda presidencia cuando se reunió con el presidente Errázuriz de Chile en el llamado abrazo de los Estrechos y el intercambio de visitas con el presidente del Brasil Campos Salles.
En la clausura el canciller Quirno Costa destacó los esfuerzos "por la mayor vinculación entre los países sudamericanos" recordando los sueños de unidad continental de San Martín y Bolívar sin perjuicio de fortalecer los lazos con el viejo continente. Es que esto era esencial para nuestro comercio y ayudaba a equilibrar la relación con los Estados Unidos.
Al año siguiente los mismos delegados Quintana y Sáenz Peña nos representaron en la Conferencia Panamericana de Washington, en un clima, donde, algunos sectores influyentes de los Estados Unidos, no disimulaban la aspiración de anexionar la América Iberoamericana.
Esta política de defensa de las soberanías de nuestros Estados y la hermandad y colaboración entre ellos fue ratificada en la segunda presidencia de Roca con la doctrina Drago, así titulada en homenaje a su canciller.
Ante la falta de pago de servicios de la deuda externa varios países europeos pretendieron por la fuerza tomar el control de las Aduanas de Venezuela. Nuestra cancillería rechazó este atropello y logró establecer y hacer reconocer el principio internacional que rechaza el uso de la fuerza para satisfacer el cobro de las deudas estatales.
La posición argentina en Montevideo le merecieren este comentario al historiador estadounidense Mc Cann:
"La reunión de Montevideo fue un triunfo argentino. En efecto mediante la Asamblea, la Argentina hizo saber a la América Latina - y a cualquier otra nación enterada del desarrollo sudamericano que había llegado a la edad madura en asuntos continentales... Los dirigentes de la Nación ponían de manifiesto un interés positivo por la América Latina, interés mayor que cualquiera que se hubiera demostrado desde los días victoriosos de San Martín"