10 de agosto de 2019 - 00:00

La expresión de la demasía - Por María del Rosario Ramallo

En una nota anterior, hablaba acerca del valor del sustantivo ‘medianía’; hoy nos referiremos al sustantivo ‘demasía’ y su valor significativo: el primer valor con que nos encontramos es el de “exceso de algo”: Se ha enfermado porque trabaja en demasía.

También puede ser equivalente a “insolencia, atrevimiento”: Cuando se enoja, ofende con sus demasías.

El sustantivo ‘demasía’ está vinculado al vocablo ‘demás’, del cual averiguamos que puede actuar como adjetivo indefinido, con el valor de “lo restante, lo otro”: Guardó bien los libros y demás pertenencias.  Al actuar como adjetivo, ‘demás’ se antepone a sustantivos en plural o a colectivos en singular, precedido por un artículo o por un posesivo: A las demás alumnas no les dieron sus calificaciones. Hizo anuncios para la demás gente. Quiere mucho a su hermanito menor, no así a sus demás hermanos.

También, ‘demás’ puede sustantivarse si se le antepone un artículo en plural (los, las) o, si se refiere a cosas, el artículo neutro ‘lo’: Los demás callamos. Lo demás carece de importancia. No se le antepone artículo cuando cierra una enumeración: El español, el italiano, el francés y demás derivados del latín son llamados “romances”.

Forma locuciones como ‘por demás’ y ‘por lo demás’, con distintos significados: ‘por demás’ equivale a “excesivamente”: Me molesta que sea por demás obsequioso. En cambio, ‘por lo demás’ significa “por lo que hace relación a otras consideraciones”: Ya habló y, por lo demás, no tiene nada para confesar.

No debe confundirse ‘demás’ en las acepciones vistas, en una sola palabra, con  ‘de más’, expresión formada por la preposición ‘de’ y el adverbio de cantidad ‘más’: Me has dado algunas hojas de más. No está de más que te lleves la libreta de contactos.

En relación con todos estos términos, se da en español el término ‘demasiado’: puede ser adjetivo y, como tal, concordará en género y número con un sustantivo.  Su valor es “en número, cantidad o intensidad excesivos”: “demasiados niños”, “demasiada bulla”, “demasiado dinero” y “demasiadas luces”. Cuando toma este significado, puede ir acompañado por un complemento introducido por ‘para’: Ha hecho demasiada comida para esta cantidad de asistentes. Muchas veces, ante determinados sustantivos, puede  indicar una valoración apreciativa de personas o cosas, o número excesivo de ellas: Es demasiado honor para mí. Es demasiada casa para ella.

En estos casos precedentes, ‘demasiado’ actúa como adjetivo y concuerda en género y número con el sustantivo al que acompaña o al que está referido; pero también ‘demasiado’ puede ser un adverbio, con el valor de “excesivamente”; en este caso, no concuerda con ningún otro término y, por lo tanto, no sufre cambio alguno; como adverbio, podrá modificar a un verbo, a un adjetivo o a otro adverbio: Lo amé demasiado (modifica al verbo ‘amé’). Es una obra demasiado larga (modifica al adjetivo ‘larga’).

Avanzaba demasiado lentamente (modifica al adverbio ‘lentamente’).

Cuando posee valor adverbial, puede estar señalando que algo se lleva a cabo con una intensidad que excede el límite conveniente o aceptable: En este otoño, llueve demasiado. También, puede indicar que la acción se realiza con excesiva frecuencia: Viaja demasiado. Otras veces, puede señalar un tiempo excesivo: Lleva hablando demasiado.

Refranes con ‘demasiado’ encontramos en “Demasiado siempre ha dañado” (es mejor no excederse y proceder con cautela, sin exageraciones); otro refrán nos dice: “El cazador que habla demasiado, vuelve vacío a su casa” (es preferible, antes de llevar a cabo una acción, concentrarse en ella y no dejarse llevar por la charla excesiva); “El cuchillo demasiado afilado desgarra su propia vaina”: de este refrán se dice que es de origen africano; aconseja ser moderado a la hora de proferir amenazas para que ellas no se vuelvan en contra de quien las dice; “El hombre se hace viejo muy pronto y sabio demasiado tarde”: se pone de relieve que la sabiduría llega con la sensatez que dan los años, a veces, en momentos extemporáneos; “El que levanta demasiado la cabeza no ve dónde pisa” pone de relieve que el orgullo y la soberbia excesivos impiden ver las necesidades de los que viven  más rudimentariamente; “El vino demasiado ni guarda secreto ni cumple trato” presenta la falta de sensatez de los bebedores para tomar  resoluciones adecuadas; “Los cobardes y ruines miran demasiado los fines” es un refrán que destaca el interés  de aquellos que no tienen conductas equilibradas porque proceden con excesivo apego a los resultados materiales.

En el extremo opuesto a ‘demasía’ y ‘demasiado’ se ubican ‘nimiedad’ y ‘nimio’; del primero de estos vocablos, encontramos que equivale a “pequeñez o insignificancia”: No vale la pena preocuparse por estas nimiedades. También, “cosa de poca o nula importancia”: Atesora desde nimiedades hasta verdaderas joyas. Pero lo sorprendente es el otro valor significativo que posee el término: “Exceso, demasía”: Te agota porque corrige con nimiedad. Muy ligada a esta segunda acepción es la que dice del término “prolijidad, minuciosidad, detalle, menudencia”.

El sustantivo proviene del adjetivo ‘nimio’ que, según el Diccionario integral del español de la Argentina, equivale a “que tiene poca o ninguna importancia”: Gracias al paso del tiempo, esa vieja división se va tornando cada vez más nimia. Nos dice esta fuente que se aplica ‘nimio, -a’ a una cosa cuando está hecha de manera minuciosa y muy prolijamente: El jefe prometió emitir inmediatamente telegramas de aviso y ejercer una nimia vigilancia de la zona. Este adjetivo ya existía en latín, con el valor de “excesivo, extremado” y, además, en forma de adverbio, con el significado de “en extremo, mucho”.

Por eso, el Refranero multilingüe del Centro Virtual Cervantes consigna la paremia latina “Nimio celerius venit quod molestum est, quam id quod cupide petas”, que traducimos: “Mucho más rápidamente llega lo que es molesto que aquello que pides con avidez”. Así, entonces, al menos en la lengua, los extremos parecen encontrarse.

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