Para Elise Belisario, la Navidad “está muerta”. Al menos en Petare, una barriada de Caracas donde la decoración decembrina desapareció y sus vecinos restringirán las comidas tradicionales por la crisis económica, en un país que durante años celebró estas fechas en la abundancia.
Una de las mayores favelas de América Latina, Petare refleja en cada esquina el castigo que significa para los venezolanos tener la inflación más alta del mundo, por encima de 200% al cierre del año, según cálculos privados.
“Este año la Navidad está muerta, la plata no alcanza. Las navidades se apagaron”, dice Elise, una morena de 28 años, que se quedó sin empleo y debe ingeniárselas para pagar el alquiler de la casa donde vive con sus dos hijos.
Poco tiempo atrás, con la bonanza petrolera que se empezó a extinguir en agosto de 2014 y estimulaba el consumismo en Navidad, las fiestas eran muy distintas.
Elise evoca los balcones iluminados de Mesuca, uno de los barrios montañosos de Petare.
“Caminas por todo eso y no hay una lucecita. El río Guaire pasaba alumbrado, ahora nada”, comenta la mujer. “Eramos ricos y no nos dábamos cuenta”.
Testimonio de esta situación son los cochinitos de aguinaldos, alcancías donde los clientes de comercios dejan propinas para repartirlas entre los empleados.