8 de marzo de 2013 - 18:38

Más de 30 jefes de Estado en las exequias de Hugo Chávez

En la Academia Militar se mantiene la capilla ardiente con el féretro. “Aquí está invicto, único, verdadero, vivo para siempre”, dijo el vicepresidente Maduro, emocionado al despedir a su líder.

Más de 30 líderes mundiales se unieron hoy al funeral de Estado al mandatario Hugo Chávez en una ceremonia en la que el reverendo estadounidense Jessy Jackson pidió al próximo presidente encargado, Nicolás Maduro, que tenga la fortaleza y entereza necesaria para conducir a Venezuela y pueda tender nuevos puentes con Estados Unidos.

Los funerales de Estado al mandatario Hugo Chávez se realizaron unas horas antes de una ceremonia en la que se preveía que su sucesor elegido Nicolás Maduro fuera juramentado como presidente encargado en un acto rechazado por la oposición.

Maduro agradeció la presencia de los jefes de Estado por haber "traído su amor más puro a este hombre más allá de las fronteras políticas y las ideologías'', a un Chávez que dijo que fue el hombre "más vilipendiado'' del mundo.

"¡No pueden contigo!", gritó Maduro con la voz quebrada y el llanto a flote. Entre llantos y a gritos un Maduro emocionado dijo que Chávez tenía desde adentro unos de los "escudos más poderosos que puede tener un ser humano que es su pureza, su verdad, su escudo de pureza de amor de Cristo, de hijo verdadero de Cristo'', que aseguró que lo salvó de "la injuria, de la infamia".

"Aquí está invicto, puro, transparente, único, verdadero, vivo para siempre, para todos los tiempos para este y todos los tiempos futuros. Comandante no pudieron contigo, no podrán con nosotros jamás, jamás podrán", dijo conmovido el vicepresidente arrancando aplausos entre los presentes.

"Hemos roto el maleficio de la traición de la patria y romperemos el maleficio de la derrota'', acotó.

Dentro de la Academia Militar, un coro y una orquesta dieron inicio a la ceremonia entonando el himno nacional de Venezuela mientras funcionarios del gobierno, encabezados por el aún vicepresidente Maduro, los líderes de gobierno y algunas personalidades como el actor Sean Penn.

"Viva Chávez", gritaron los asistentes al término de la entonación del himno nacional. Enseguida, el vicepresidente Nicolás Maduro colocó sobre el féretro de Chávez la espada del libertador Simón Bolívar que, según el maestro de ceremonias, compró el gobierno a familiares por 120 bolívares.

En grupos, los líderes asistentes realizaron guardias de honor alrededor del ataúd café, cubierto con la bandera venezolana.

La primera guardia de honor estuvo a cargo de sus más cercanos aliados en Latinoamérica: el presidente cubano Raúl Castro, el boliviano Evo Morales, el nicaragüense Daniel Ortega y el ecuatoriano Rafael Correa. Más adelante, el iraní Mamud Amadineyad se sumó.

Tras las guardias, llegó la música. Un diputado y cantante entonó canciones folclóricas de la zona geográfica donde nació Chávez, en el estado suroccidental de Barinas. A la música "llanera'', le siguieron las notas de la orquesta sinfónica Simón Bolívar, la más importante de Venezuela, guiada por el afamado director Gustavo Dudamel.

Luego, una oración y palabras de líderes religiosos, entre ellos el reverendo estadounidense Jackson que rezó para que a Maduro se le conceda sabiduría en momentos que se apresta a tomar el relevo en Venezuela.

En la primera fila, destacaban el presidente cubano e iraní acompañando a Maduro. Afuera, seguidores hacían largas filas rumbo a la academia militar en lo que se asemejaba un ejército de hormigas, debido a que casi todos iban vestidos de rojo, el color que identifica al partido del presidente.

Entre los mandatarios presentes, están los de México, Enrique Peña Nieto; Ecuador, Rafael Correa; Nicaragua, Daniel Ortega; Honduras, Porfirio Lobo; El Salvador, Mauricio Funes; República Dominicana, Danilo Medina; el chileno, Sebastián Piñera, y el príncipe Felipe de España.

También la brasileña, Dilma Rousseff; el colombiano, Juan Manuel Santos; el panameño, Ricardo Martinelli; el peruano, Ollanta Humala; el uruguayo José Mujica; el boliviano Evo Morales; el iraní Mahmud Ahmadinejad; y el haitiano Michel Martelly.

El rico país petrolero de 28 millones de habitantes se vestía hoy con una pompa que no se veía desde fines de la década de 1980, sólo que ésta vez no por una celebración sino por el funeral del primer presidente muerto en tiempos democráticos.

La cantidad de invitados y la expectativa general ante el acontecimiento no se veía desde febrero de 1989, cuando asumió la presidencia Carlos Andrés Pérez en un fastuoso acto al que asistieron como invitados desde Fidel Castro hasta el entonces vicepresidente de Estados Unidos, Dan Quayle.

"Más allá de nuestras diferencias todos somos latinoamericanos y tenemos que construir juntos un futuro mejor'', dijo el presidente chileno Sebastián Piñera a reporteros a su llegada al aeropuerto. "Tenemos diferencias pero en América Latina hemos aprendido a vivir con ellas'', agregó.

A su arribo, el mandatario iraní dijo que: "Para nosotros es un gran dolor porque hemos perdido un amigo, un amigo entrañable y un líder revolucionario y justo. Para mí él fue una personalidad muy grande y un hermano y un amigo muy entrañable... Pero estoy seguro de que él sigue vivo, Chávez nunca morirá, su alma y el espíritu está vivo en los corazones de todos'', dijo el mandatario iraní al hablar en parsi con traducción oficial al español.

Un día después de que se anunciara la decisión de embalsamar el cuerpo de Chávez, quien murió el 5 de marzo tras dos años de padecer cáncer, la capital venezolana aguardaba la última gran ceremonia para el dirigente.

Maduro, de 50 años, tomará juramento esta noche como presidente electo por la Asamblea Nacional, dominada por el oficialismo. Maduro será además el candidato oficialista en los comicios cuya fecha aún no se ha precisado.

Los 68 diputados opositores decidieron el viernes en bloque no acudir a la sesión especial que convocó la directiva de la Asamblea Nacional para juramentar como presidente encargado del país al vicepresidente Nicolás Maduro alegando que ese evento representa una "violación al orden constitucional en Venezuela''.

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