9 de noviembre de 2014 - 00:00

Jäger, el hombre que levantó la barrera y evitó una tragedia

“¡Abran la barrera!” Con esta orden lanzada en medio del pánico el 9 de noviembre 1989, el guardia fronterizo de Berlín-Este, Harald Jäger, dejó a una muchedumbre de alemanes del Este abalanzarse hacia el Oeste y hacer caer el Muro.

Veinticinco años más tarde, en un pueblo gris del norte de la capital, este ex funcionario de la RDA rememora aquella velada histórica que conmocionó la historia política del siglo XX.

“No fui yo quien abrió el Muro”, dice. “Fueron los ciudadanos del Este alemán que se concentraron allí aquella noche”, afirma. “Mi único mérito fue que aquello ocurriera sin que se derramara una sola gota de sangre”, aclara.

En esa época, el teniente coronel Jäger, que trabajaba en la policía de fronteras de la RDA “desde hacía 28 años”, era adjunto al mando del puesto fronterizo de la Bornholmer Strasse. Cuando empezó su servicio el 9 de noviembre esperaba tener “una jornada de trabajo normal”.

Jäger fue entonces al comedor “para comer un tentempié” pero las cosas se precipitaron rápidamente. La televisión difundió declaraciones de un dirigente comunista que anunció, para sorpresa de todos, que la RDA autorizaba los viajes al extranjero “inmediatamente, sin demora” para los alemanes del Este, encerrados tras el Muro desde hacía 28 años.

“El pan se me atravesó en la garganta, no creía lo que oía y me dije: '¡pero, ¿qué tontería acaban de anunciar?!'”, cuenta. Después llamó por teléfono a su superior con la esperanza de recibir instrucciones. “¿Me llamas por semejante estupidez?”, se quejó su jefe, y le dijo que ordenara a la gente volver a sus casas. Algunos curiosos empezaron a llegar. Poco a poco, el pequeño grupo se convirtió en una multitud que gritaba: “¡Déjennos salir!”.

Jäger, sin saber que hacer, temía que hubiera una avalancha de pánico, “que la gente se pisoteara”. Entonces se sintió terriblemente solo. “Fue entonces que me dije: ahora tienes que actuar tú. Poco importa lo que pueda ocurrir; debemos dejar a los ciudadanos alemanes del Este cruzar la frontera”.

Y fue así como “hacia las 23h ‘25 o 23h ‘30” ordenó a sus hombres: “¡Abran la barrera!” La barrera blanca y roja que se abrió lentamente en medio de la noche helada para dejar pasar a una marea humana incontenible que marcó el final de un mundo partido en dos desde la Segunda Guerra Mundial.

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