Una huelga general convocada por dos de los tres principales sindicatos italianos contra la política laboral y otras reformas impulsadas por el gobierno del primer ministro, Matteo Renzi, se hizo sentir ayer en varias ciudades donde las manifestaciones y choques con la policía marcaron la jornada.
Se trata de la primera huelga general convocada contra el gobierno de Renzi, y en el centro de sus reivindicaciones está la reforma laboral que -según el primer ministro- fomentará la contratación y bajará los índices de desempleo, pero que desató una ola de críticas entre los trabajadores e incluso en el seno de su propio partido.
Según datos de los gremios convocantes -la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL) y la Unión Italiana del Trabajo (UIL)-, en Roma, alrededor de 40.000 personas participaron en una manifestación, mientras que en Turín otra importante marcha reunió a más 70.000 y otras decenas de miles se expresaron en Génova y Milán.
En la convocatoria, con respaldo en los sectores público y privado según la CGIL y la UIL, contribuyó la adhesión de los trabajadores del transporte, que en Roma cerraron las tres líneas de subterráneo, mientras en otras grandes ciudades los medios de transporte o no operaron o lo hicieron de manera restringida.
El paro provocó también problemas en los aeropuertos, donde las principales compañías se vieron obligadas a retrasar o cancelar varios de sus vuelos y ofrecer a sus pasajeros la alternativa de cambiar el billete en forma gratuita o, en algunos caso, reembolsar su costo.
En Turín se produjeron algunos altercados violentos cuando manifestantes intentaron derribar una barrera policial para continuar con sus protestas, lo que desencadenó una carga policial con gases lacrimógenos y bastones de goma sin que se reportaran heridos.
También en Milán la protesta alcanzó niveles de tensión cuando algunos participantes comenzaron a lanzar huevos, piedras y petardos contra la policía, un encontronazo que se saldó con 11 heridos.
Hubo también represión policial en Roma, donde la marcha partió de la plaza del Esquilino para llegar al centro de la capital, hasta la plaza Santi Apostoli, en la que los manifestantes expresaron sus reivindicaciones.
Tras la evaluación del impacto de la huelga, Renzi señaló en rueda de prensa que respeta “a quienes protestan” pero aseguró “no estar impresionado” por la protesta, tras expresar su voluntad de trabajar con los sindicatos e insistió en que seguirá adelante con las reformas.
Antes de la huelga, Renzi y su ministro de Economía, Pier Carlo Padoan, habían anunciado su determinación a continuar con las reformas económicas y laborales -para las que recibieron todo el apoyo del Parlamento- con independencia del apoyo a la movilización.