El balance de la ola de violencia que afecta a Irak se ha cobrado desde enero más de 5.800 vidas, tras nuevos atentados que ayer mataron a 48 personas, 32 de ellas en un mercado al noreste de Bagdad. Los observadores creen incluso que los ataques pueden incrementarse a medida que se acercan las elecciones generales del 30 de abril.
Las autoridades están preocupadas por el creciente papel de Al Qaeda en la guerra en la vecina Siria, que temen que se propague a sus tierras.
Ayer, un coche bomba mató al menos a 32 personas y dejó 40 heridos en un mercado de Saadiya, en la provincia de Diyala, al nordeste de Bagdad, informaron un coronel de la policía y un médico.
El vehículo estalló en un barrio donde viven muchos kurdos chiitas, en una zona que se disputan el gobierno central y la región autónoma del Kurdistán.
Los insurgentes suelen aprovecharse de las tensiones entre las dos partes para cometer ataques. Responsables de Diyala informaron además del hallazgo de doce cuerpos de habitantes secuestrados por un grupo que dijo pertenecer a las fuerzas de seguridad. Los doce fueron ejecutados y arrojados a un río.
Frente a la espiral de violencia que ensangrienta a Irak desde el comienzo del año, el primer ministro chiita Nuri al Maliki pidió en octubre la cooperación de Estados Unidos para luchar contra Al Qaeda, que ha reivindicado numerosos atentados. Los soldados estadounidenses se retiraron de Irak hace casi dos años. Habían invadido el país en 2003, para derrocar al régimen de Saddam Hussein, acusado de poseer armas de destrucción masiva que nunca se encontraron.
Según expertos y diplomáticos, la espiral de violencia en Irak está relacionada con la guerra en Siria. La red Al Qaeda en Irak “consiguió reconstruir sus fuerzas en algunas regiones”, declaró recientemente Safa Hussein, viceconsejero nacional para la seguridad.