18 de octubre de 2026 - 15:02

Buscan empleados para trabajar 5 meses en la Antártida: pagan hasta 2.500 euros y hay que contar pingüinos

Una organización británica busca empleados para su base en Port Lockroy entre noviembre y marzo, con alojamiento, comida y equipo incluidos.

Una organización británica abrió la convocatoria laboral para cubrir puestos de trabajo en la base de Port Lockroy, ubicada en la isla Goudier de la Antártida. La propuesta ofrece salarios que oscilan entre los 1.700 y los 2.500 euros mensuales durante una estancia de aproximadamente cinco meses, entre noviembre y marzo.

Las tareas principales abarcan la atención de los turistas que arriban en cruceros, el mantenimiento de la tienda de recuerdos y la administración de la famosa “ Penguin Post Office ”. A través de esta estafeta postal transitan más de 80.000 cartas y tarjetas en cada temporada, las cuales deben ser clasificadas y selladas a mano por el personal.

¿Qué hay que hacer para trabajar en la Antártida contando pingüinos Gentoo?

Entre las responsabilidades más inusuales asignadas a los empleados figura el seguimiento diario de la colonia de pingüinos Gentoo que habita la isla. Al comienzo del período, el acceso del personal a ciertos sectores permanece estrictamente restringido “para no molestar a las aves durante la formación de los nidos”.

Tras la puesta de huevos, los trabajadores realizan el conteo metódico de los ejemplares y de sus nidos. Las observaciones sistemáticas continúan después de la eclosión para registrar el desarrollo de los pollos, aportando datos científicos cruciales para medir la evolución poblacional y evaluar el impacto de las visitas humanas en la colonia.

¿Cómo es vivir en la base de Port Lockroy, sin agua corriente y con duchas semanales?

El emplazamiento insular posee una trayectoria histórica particular: fue fundado por los británicos en 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, y funcionó como instalación militar activa hasta 1962. Años más tarde, las estructuras fueron restauradas integralmente para transformar la antigua guarnición en un museo histórico y un objetivo turístico protegido.

Pese a garantizar alojamiento, alimentos y vestimenta térmica adecuada para las temperaturas extremas, la estadía impone condiciones de vida austeras. La base carece de agua corriente, por lo que las reservas potables llegan en barcos y el personal puede bañarse, “por regla general, una sola vez a la semana”.

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