15 de febrero de 2013 - 00:41

Un imán de amores y odios

Carismático, autoritario, laborioso o prepotente, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, favorito a la reelección, despierta amores y odios tras una gestión que devolvió la estabilidad a un país con fama de ingobernable y en la que ganó protagonismo internacional.

“Las características de mi personalidad son positivas para los ecuatorianos: soy decidido, frontal, objetivo, racional, pero si le caigo mal a alguien, ¡qué le vamos a hacer!”, se justifica este economista de izquierda, adepto a la confrontación y quien asegura que, de ser reelecto, éste será su último período. “No me eligieron míster simpatía para contentar a todo mundo, sino para sacar la patria adelante, y es indudable que estamos haciendo historia”, subraya el mandatario, de 49 años, favorito para obtener un nuevo cuatrienio el domingo, y a quien encuestas dan una aceptación de hasta 80%.

Correa, en el poder desde 2007, nació en un hogar humilde en Guayaquil (suroeste), por lo que se define a sí mismo como un clase media-baja que pudo estudiar gracias a becas.

Pese a que creció lejos de su padre que estuvo preso en Estados Unidos por tráfico menor de drogas, obtuvo un maestría en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) y se doctoró en la Universidad estadounidense de Illinois.

A su regreso a Ecuador se vinculó con la academia y en 2005 fue despedido del ministerio de Finanzas, donde estuvo tres meses, por sus posturas radicales contra los organismos extranjeros de crédito.

En cuestión de meses fue candidato y luego líder de una nación que hasta entonces había tenido siete presidentes en una década, caídos bajo revueltas populares.

Ya en el poder expropió bienes a banqueros envueltos en casos de corrupción, forzó a las petroleras a cambiar sus contratos en beneficio del Estado y suspendió el pago de un tramo de la deuda externa que consideró ilegítimo.

También puso fin a un convenio que permitía a Washington operar una base antidrogas en Ecuador, y en 2011 expulsó a la embajadora estadounidense Heather Hodges tras revelaciones de Wikileaks que desataron una crisis de seis meses.

Correa, que acusa a la prensa privada de conspirar para desestabilizarlo, venció en juicio al diario El Universo -al que demandó por injurias- y a dos periodistas contra quienes se querelló por daño moral a raíz de un libro que denunció contratos de un hermano suyo con el Estado.

En ambos casos extendió un perdón judicial, pero a nivel internacional no evitó labrarse fama de agresor de la libertad de expresión.

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