Rubia y sonriente, la infanta Cristina, hermana del rey Felipe VI de España, convertida ahora en el primer miembro de la familia del monarca que se sentará en el banquillo de los acusados, dio durante mucho tiempo la imagen de una princesa moderna y rebelde.
En un nuevo capítulo de un escándalo que estalló en 2011 con la imputación de su esposo, Iñaki Urdangarin, por presunta malversación, el juez decidió este jueves llevarla a juicio por dos supuestos delitos contra la Hacienda Pública.
Siempre “ha vivido en su mundo. Se ha sentido hasta hace poco intocable”, explicaba tras su imputación Abel Hernández, escritor especialista de la Corona española.
Durante mucho tiempo, la imagen de la familia había fascinado a los medios: la infanta profesionalmente activa junto a su marido, un ex medallista olímpico de balonmano alto y apuesto, y sus cuatro hijos con aire de principitos rubios, durante las vacaciones en el palacio de verano de Marivent, en las islas Baleares.
Cristina, de 49 años, “es una persona, como todos los miembros de la familia real, cordial, educada, agradable, habla muy directa, normal”, relata Ana Romero, que fue corresponsal de El Mundo en la Casa Real.
Desde hace tres años, la infanta y su esposo desaparecieron de las actividades oficiales de la familia. Y el 19 de junio, Cristina fue la gran ausente en la ceremonia de proclamación de su hermano.
“Su imagen evidentemente se ha deteriorado. Los españoles pusieron en ella y su marido toda la frustración que sienten por los casos de corrupción”, señalaba Romero.
Queda por ver si la abdicación de su padre, Juan Carlos I, el 2 de junio, bastó para alejar la sombra del escándalo de su hermano Felipe VI.
Cristina, nacida el 13 de junio de 1965 en Madrid y conocida como la hija rebelde de la familia, se licenció en Ciencias Políticas en 1989 en la Universidad Complutense de Madrid, antes de proseguir sus estudios en Nueva York.