“Un representante de Buda en la tierra”. Así se presentaba Juan Carlos Aguilar Gómez, el presunto asesino serial de mujeres, ante los alumnos que frecuentaban su coqueto gimnasio bilbaíno, todo un templo budista asiático.
“Un representante de Buda en la tierra”. Así se presentaba Juan Carlos Aguilar Gómez, el presunto asesino serial de mujeres, ante los alumnos que frecuentaban su coqueto gimnasio bilbaíno, todo un templo budista asiático.
Había conseguido, en régimen de traspaso, el local de 250 metros seis años atrás por unos 30.000 euros, y aunque el traspaso entre su antiguo dueño, Víctor Manuel, y su cliente no tuvo nada de extraordinario, sí que despertó cierto recelo en el veterano propietario.
“Yo, acostumbrado a las técnicas tradicionales, y él, un devoto de las artes marciales chinas, no teníamos mucho en común, pero el trato siempre fue cordial. Eso no quiere decir que sus métodos y sus ideas me gustaran, aunque de ahí a hacer lo que ha hecho, hay un paso”, precisó.
El estupor es aún mayor entre las personas que trataron en el gimnasio con el profesor detenido. Ema, una bilbaína de 32 años que tomó clases de kung-fu durante cuatro años en el otro centro que el presunto homicida regenta también en la capital vizcaína, comenta que era una persona con “una mirada penetrante que intimidaba mucho”.
Recuerda su personalidad mística, casi espiritual -daba sus clases con una de las típicas vestimentas budistas de color naranja, que también utilizaba, según vecinos de la zona, para salir a la calle-, que rozaba, según esta exalumna, cierta obsesión hacia lo zen. “Estaba totalmente grillado, pero no esperaba que pudiera hacer algo así, sobre todo siendo tan espiritual. Estoy en shock”, comentaba.
Aguilar era un gurú del arte marcial que dominaba -llegó a ser tres veces campeón del mundo y ocho de España de kung-fu y fue el primer occidental en ser considerado “maestro shaolin”-, recibía a alumnos de toda España y del extranjero en su céntrico gimnasio, donde enseñaba kung-fu, tai chi, yoga y técnicas de meditación. Incluso impartía clases de defensa personal a miembros de los cuerpos de seguridad.
Aguilar, natural de Bilbao, estudió en el instituto Txurdinaga. Su ex esposa, que es médica en una clínica privada, ha comentado que era un buen hombre pero que resultaba imposible convivir con él por ser muy espiritual. Tiene dos hijos adolescentes.