Me dirijo a los lectores con motivo del traslado a Mendoza de los restos del general Juan Thomond O’Brien, ilustre irlandés que acompañó al General San Martín en su Campaña Libertadora, quien posteriormente también se destacara en diversas facetas de su larga y fecunda vida como hacendado, empresario, diplomático en más de ocho países sudamericanos.
Adhiero a los homenajes que tuvieron lugar en la Legislatura y el posterior depósito de sus restos en El Plumerillo, que tienen la relevancia que merece el ilustre patriota que el pueblo de Mendoza -y de la nación toda- le rinden con ocasión del bicentenario del inicio de la Campaña de los Andes. Sin embargo, no puedo dejar de destacar que el homenaje es incompleto, por cuanto no cuenta con la participación de los descendientes del general O’Brien ni de la comunidad argentino-irlandesa.
En efecto, O’Brien se casó con la chilena Manuela de la Herrán, con quien tuvo una sola hija, Amelia Isabel, casada con José Antonio Valdés Aldunate, troncos de una distinguida familia trasandina. Me he comunicado con un tataranieto, el Dr. Sergio García Valdés, quien me manifestó -al enterarse por mí- que “estamos contentos por este ‘tercer’ entierro y, de haber sabido, con gusto hubiéramos participado de los actos, como lo hicimos hace poco en Wicklow, Irlanda, al inaugurarse un monumento en su memoria, así como participamos de la redacción de un libro sobre la vida del general”. Ha trascendido la participación de un señor Héctor O’Brien, como miembro de la familia del homenajeado, quien no es descendiente directo del benemérito patriota y no sabemos siquiera si es familiar colateral.
Y en el mismo sentido, es oportuno recordar que fue la comunidad argentino-irlandesa la que intervino muy activamente en la repatriación de sus restos, con el beneplácito del gobierno nacional entonces presidido por el general Agustín P. Justo, los que arribaron a bordo de la Fragata “Sarmiento”, en 1934, procedentes de Lisboa, donde había fallecido en 1861. O’Brien, con el apoyo del presidente Bernardino Rivadavia, fue en 1823 el primer promotor de la inmigración irlandesa al país, tratando de organizar un contingente de más de 200 connacionales, que no pudo llevarse a cabo debido a la intransigencia del marqués Wellesley, quien encabezaba las autoridades inglesas en Dublín en ese entonces.
Nuevamente mi fervorosa adhesión al justiciero homenaje, aunque un deber de conciencia y de lealtad me mueve a escribir estas líneas.
Dr. Guillermo MacLoughlin Bréard
Genealogista e historiador