10 de agosto de 2026 - 00:00

Recuerdos de la plaza Pringles, de San Luis

Íbamos hacia nuestra casa, ella dejaba sus valijas llenas de regalos para todos y más tarde venia la frutilla del postre: ir a nuestra Plaza Pringles, y lo hacíamos en el coche de plaza de don Timoteo, vecino de la calle de atrás de casa.

Corría un día de enero, la carta decía: ”Queridos sobrinos, mañana estaré por San Luis ¡Los quiero mucho!"

Para nosotros nuestra tía Irma era un regalo de la vida, siempre la estábamos esperando.

Al otro día muy temprano nuestra madre nos llevó a la estación de trenes a esperar a la tía que venía de Mendoza. Todo era alegría, y entre besos y abrazos nos fuimos hacia la parada de los coches de plaza o mateos como también los llamaban.

Así comenzaba esta historia.

Íbamos hacia nuestra casa, ella dejaba sus valijas llenas de regalos para todos y más tarde venia la frutilla del postre: ir a nuestra Plaza Pringles, y lo hacíamos en el coche de plaza de don Timoteo, vecino de la calle de atrás de casa.

Llegábamos a la plaza, corríamos y posábamos una y cien veces para las fotos de nuestra tía fotógrafa. Nos sentábamos en las escalinatas de la glorieta y desde ahí mirábamos asombrados la estatua ecuestre del coronel Pringles, nuestro héroe puntano. Tomábamos helados, caminábamos y corríamos con mi hermano mellizo entre canteros y ligustros. La tarde se escondía de a poco detrás de los grandes árboles y eso era un indicio de la vuelta a casa. Pero nuestra tía, siempre hacia estirar el paseo con alguna visita a la Iglesia Catedral por calle Rivadavia.

¡Más poses, más fotos! ¡Oh, qué grandes pilares al frente! ¡Eran inmensos ante nuestros pequeños cinco años! Nosotros queríamos volver a la plaza y tía Irma no podía decir que no. Las ganas de correr y saltar nos hacían alejarnos para evitar el regreso.

Ya no podíamos hacer nada para detener la puesta del sol; y otra vez a la parada de los mateos, y al trote lento dejábamos atrás nuestra querida plaza. ¡Tal vez mañana la tía, nos traería de nuevo! ¡Hoy a los setenta y un años llevo a pasear a la plaza a mis nietos y mi bisnieta!

* Ubaldo Ángel Guardia. Vecino de Juana Koslay. San Luis

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