17 de junio de 2026 - 07:25

El regreso de un clásico: vuelven a las plazas de San Martín los históricos bancos de hierro y madera

La Municipalidad de San Martín instaló nuevos asientos en la plaza departamental y recuperó un diseño que forma parte de la identidad urbana argentina desde fines del siglo XIX. Mientras avanzan también los bancos de hormigón, elegidos por su resistencia, los tradicionales modelos de hierro y madera vuelven a ocupar un lugar central en el paisaje cotidiano.

Hay elementos de una ciudad que parecen permanentes hasta que desaparecen. Los bancos de plaza son uno de ellos. Durante generaciones fueron escenario de encuentros, lecturas, esperas, charlas y tardes enteras bajo los árboles. Por eso, la reciente instalación de nuevos bancos de hierro y madera en la plaza principal de San Martín tiene un significado que va más allá de una simple mejora urbana.

La comuna continúa colocando nuevo mobiliario tanto en la plaza departamental como en distintos sectores vinculados al transporte público. En el principal espacio verde del departamento se agregaron bancos de madera y de hormigón, se repararon estructuras existentes y se realizaron tareas de embellecimiento. Los trabajos forman parte del programa de confort comunitario que impulsa la gestión municipal.

Pero entre las nuevas incorporaciones hay una que llama especialmente la atención: el regreso de los tradicionales bancos de hierro y madera, un diseño que remite a las plazas argentinas de hace más de un siglo.

Cuando las plazas argentinas miraban a Europa

La historia de estos bancos está íntimamente ligada al crecimiento de las ciudades argentinas a fines del siglo XIX. En aquellos años comenzaron a construirse grandes parques y plazas inspirados en el urbanismo europeo, especialmente en los modelos franceses e ingleses que marcaban tendencia en la época.

La influencia de paisajistas como el célebre Carlos Thays fue decisiva para la transformación de los espacios públicos. Junto con las arboledas, las fuentes y los senderos aparecieron los bancos de hierro fundido y madera que terminarían convirtiéndose en una imagen inseparable de las plazas del país.

Muchos de ellos eran importados desde Europa. Otros comenzaron a fabricarse en fundiciones nacionales, entre ellas la histórica empresa Vasena, que produjo buena parte del mobiliario urbano que aún puede encontrarse en ciudades argentinas.

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El regreso de un clásico: vuelven a las plazas de San Martín los históricos bancos de hierro y madera. (Gentileza Prensa Municipalidad de San Martín).

El regreso de un clásico: vuelven a las plazas de San Martín los históricos bancos de hierro y madera. (Gentileza Prensa Municipalidad de San Martín).

Una obra de arte hecha para durar

Aquellos bancos no eran simples asientos. Eran piezas de fundición artística.

Los laterales se confeccionaban vertiendo hierro líquido en moldes de arena, una técnica que permitía crear detalles ornamentales de gran complejidad. Volutas, hojas de acanto, flores estilizadas, formas geométricas e incluso figuras inspiradas en el reino animal formaban parte de sus diseños.

Cada lateral constituía una pieza única que integraba patas, apoyabrazos, respaldo y soporte del asiento. Además, las bases incluían perforaciones para fijar los bancos al suelo y evitar desplazamientos o robos.

Sobre esa estructura se colocaban finas varillas de madera. Los modelos originales utilizaban numerosos listones estrechos que permitían generar una curvatura suave y ergonómica. El resultado era un asiento sorprendentemente cómodo para los estándares de la época.

El color verde de las plazas de antes

La mayoría de estos bancos compartía una característica visual que terminó convirtiéndose en un sello de identidad.

Las estructuras de hierro se pintaban casi siempre de verde inglés o de negro, colores elegidos para integrarse al paisaje vegetal de las plazas decimonónicas. Esa combinación entre hierro oscuro y madera natural terminó formando parte de la memoria visual de varias generaciones de argentinos.

Todavía hoy, cuando se piensa en una plaza tradicional, la imagen que suele aparecer es la de esos bancos ubicados bajo una arboleda añosa.

Testigos silenciosos de la vida cotidiana

A lo largo del siglo XX los bancos dejaron de ser solamente mobiliario urbano para convertirse en escenarios de la vida social.

Fueron lugares de encuentro para amigos, refugio de jubilados durante las tardes, espacio de descanso para trabajadores y estudiantes, y punto de reunión para innumerables historias personales.

Incluso algunos episodios históricos quedaron vinculados para siempre a ellos. Uno de los más conocidos ocurrió en el barrio de La Boca, donde un grupo de jóvenes utilizó un banco de plaza como punto de encuentro para fundar el club que más tarde se convertiría en Club Atlético Boca Juniors.

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Bancos de hormigón, más resistentes al vandalismo. (Gentileza Prensa Municipalidad de San Martín).

Bancos de hormigón, más resistentes al vandalismo. (Gentileza Prensa Municipalidad de San Martín).

Del hierro fundido al hormigón

Las ciudades cambiaron y también lo hizo el mobiliario urbano.

Durante las últimas décadas comenzaron a ganar espacio los bancos de hormigón premoldeado, elegidos por su durabilidad, menores costos de mantenimiento y mayor resistencia frente a actos de vandalismo. Algunas ciudades incluso incorporaron diseños innovadores que transformaron los bancos en piezas de arquitectura urbana.

La plaza principal de San Martín refleja hoy esa convivencia entre dos épocas. Los nuevos bancos de hormigón responden a las necesidades de una ciudad contemporánea, mientras que los de hierro y madera recuperan una tradición estética y cultural profundamente arraigada.

Más que un lugar para sentarse

La instalación de nuevos bancos busca ofrecer mayor comodidad a vecinos y usuarios del transporte público. Sin embargo, el regreso de los modelos tradicionales aporta algo difícil de medir en números.

Recupera una parte de la identidad de las plazas argentinas y devuelve al espacio público un elemento que durante más de cien años acompañó la vida cotidiana de generaciones enteras.

Porque los bancos de plaza nunca fueron solamente muebles urbanos. Son parte del paisaje emocional de las ciudades. Y, desde ahora, vuelven a ocupar un lugar destacado en el corazón de San Martín.

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