Preocupa el continuo avance de los barrios sobre los espacios rurales

La superficie urbana del Gran Mendoza creció casi 90% entre 1988 y 2015, gran parte sobre territorio rural, y la tendencia se mantiene hasta la fecha. El desafío de mantener un ordenamiento territorial. / Foto : Claudio Gutierrez / Los Andes
La superficie urbana del Gran Mendoza creció casi 90% entre 1988 y 2015, gran parte sobre territorio rural, y la tendencia se mantiene hasta la fecha. El desafío de mantener un ordenamiento territorial. / Foto : Claudio Gutierrez / Los Andes

La superficie urbana del Gran Mendoza creció casi 90% entre 1988 y 2015, gran parte sobre territorio rural, y la tendencia se mantiene hasta la fecha. El desafío de mantener un ordenamiento territorial.

Es común escuchar historias de productores que vendieron su finca y que ese espacio se convirtió en un barrio residencial. Esas historias continúan hasta hoy, cada una con distintas razones de fondo, pero especialistas y funcionarios tratan de dar un “orden” al territorio para poder mitigar la situación.

La pérdida de cultivos abarca viñedos y frutales. Desde la Asociación Olivícola de Mendoza (Asolmen), su gerente Mario Bustos Carra recordó que “en un momento Mendoza era la primera provincia olivícola y hoy es la cuarta” por la caída en la producción. Así, mencionó como ejemplos distritos como Cruz de Piedra, Barrancas o el Centro de Maipú que antes eran ricos en olivas y que hoy han tomado un perfil más residencial.

De todos modos, el gerente de Asolmen remarcó que ese fenómeno de caída de cultivos también se da en el Este provincial, “con distintos hechos que nos van marcando pautas de que la producción disminuye” y con el cierre de establecimientos. Esto también involucra a hectáreas de peras y manzanas.

En la Estación Experimental Agropecuaria Mendoza del INTA existe el Área de Socioeconomía que trabaja sobre este tema. Algunos estudios que se han realizado allí, con tecnología satelital, indican que, entre 1988 y 2015, se dio un incremento de la superficie urbana del Oasis Norte en el orden del 89,62%. Dentro de ese crecimiento, unas 7.593 ha fueron sobre el área agrícola de la interfase urbano-rural de Mendoza.

Martín Pérez, investigador del INTA Mendoza, comentó que el crecimiento de las áreas urbanas por sobre las rurales es un proceso que se da a nivel mundial, con muchas variables en juego como la disponibilidad de agua. “En algunos casos se pierden cultivos pero, en otros, se relocalizan hacia afuera de los oasis. Es un tema bastante complejo y por eso cuesta diseñar políticas públicas”, analizó este especialista en ordenamiento territorial.

En general, sin planificación urbana, las ciudades no se expanden de una manera uniforme como una sola mancha, sino que lo hacen de manera “salpicada”. Por ejemplo, hay residencias; después, al lado, parcelas de campo y luego más lejos otro barrio residencial. Eso también se ha visto en Mendoza en los últimos 30 años.

“No hay datos exactos a este año porque son trabajos puntuales que demoran tiempo, no es algo automático. De todos modos, por lo que estamos viendo, el crecimiento urbano se mantiene, sobre todo en departamentos como Guaymallén, Luján y Maipú”, agregó Pérez. Para este investigador del INTA es muy difícil detener un proceso de este tipo, pero sí se puede trabajar en mitigarlo y encausarlo para tener un mejor ordenamiento.

El caso de Maipú

Dos municipios implicados con el tema son Maipú y Guaymallén, donde está el Cordón Productivo o Cinturón Verde que provee de hortalizas al Gran Mendoza (el cordón también implica una parte sur de Lavalle, pero es menor). Puntualmente hablando sobre Maipú, el departamento cuenta con algo menos de 700 kilómetros cuadrados, de los cuales el 70% (casi 500 kilómetros cuadrados) tiene características rurales.

Eduardo Mezzabotta, secretario de Infraestructura y Servicios de Maipú, consideró que, aún con “el gran crecimiento demográfico” tratan de “preservar la actividad base del departamento, que es su perfil agroindustrial y metalmecánico”. Por eso, hace dos años pusieron en marcha un parque industrial municipal y buscan brindar asistencia a pequeños y medianos productores agrícolas.

Para el funcionario, “es un mito” decir que el productor quiere dejar su actividad para que se instale un barrio privado sino que muchas veces lo hace porque no le queda alternativa: “Cuando no se garantiza un precio acorde al mantenimiento de una finca o cuando la lucha contra el granizo no está, lamentablemente no es rentable y terminan abandonando. Después el barrio viene como una circunstancia posterior”.

¿Cómo quieren mitigar el tema? Una acción es generar infraestructura para las zonas rurales: acceso al agua potable, alambrado público, ciclovías, escuelas o centros de salud, para que no se abandonen esos espacios. También se busca articular subsidios y financiamientos para comprar semillas y equipamientos, y se fomentan asociaciones de productores, por ejemplo de flores (Maipú es la segunda zona productora del país).

Así, el secretario de Infraestructura y Servicios de Maipú señaló que se ha invertido $ 1.200 millones en cloacas en distritos del Este de Maipú, Rodeo del Medio, Fray Luis Beltrán y San Roque. Además, hay otros cultivos que crecen en las zonas alejadas del casco urbano, como una plantación de 60 ha de almendras en una intersección de ruta 60 y Maza.

En cuanto al plan territorial maipucino, la idea es que se puedan poblar los “vacíos urbanos” que existen en medio de las ciudades mientras se cuidan las áreas rurales. Un ejemplo es el Arena Maipú, que se construyó en base a una zona pegada al casco urbano y que “difícilmente” hubiera tenido un desarrollo productivo.

Un polígono rural en Guaymallén

Con 164 kilómetros cuadrados, Guaymallén es otro de los departamentos donde se da esta tensión entre la ciudad y el campo. Para 2016, se estimaba que un 26% del territorio era área urbana, un 46% era área rural y un 28% área interfase (también llamada, de transición). Según su Plan de Ordenamiento Territorial, aprobado en 2021, se busca que el 34% sea urbana, el 22% de interfase y el 44% rural.

La directora de Planificación de Guaymallén, Cintia Brucki, comentó que, tras la ley de ordenamiento territorial provincial, en 2016 el Concejo Deliberante sancionó una ordenanza frenando nuevas factibilidades en zonas de desarrollo productivo. Ese polígono rural protegido incluye parte de los distritos de Kilómetro 8, Kilómetro 11, Corralitos, Puente de Hierro, Colonia Molina y Colonia Segovia.

“Se tuvo en cuenta sectores ya impactados por la residencia, porque no podemos desconocer lo que ya existe. Entonces, se buscó encapsular esos lugares y generar un polígono donde se priorizara lo agroproductivo”, detalló Brucki. Esos distritos son parte del ya mencionado Cinturón Verde, proveedores de alimentos frescos de cercanía.

A partir de 2018 la comuna de Guaymallén trabajó con entidades como el Instituto de Desarrollo Rural (IDR), Instituto Nacional de Agricultura (INA) e INTA para generar su propio plan de ordenamiento, que vio la luz en 2021. Eso implicó elaborar “protocolos” para la localización de fraccionamientos y emprendimientos inmobiliarios. Las empresas ahora deben consultar primero en la dirección municipal de planificación si pueden edificar. Después que tienen eso, se analiza la factibilidad de servicios públicos como agua y luz.

El plan provincial establece a los municipios un marco y se pide “redensificar” el área urbana, es decir, hacer una ciudad compacta y no una ciudad difusa o dispersa. “En Guaymallén tenemos muchos sectores como San José, Belgrano o Dorrego con manzanas de vivienda de adobe. Hay que buscar un recambio en esas estructuras, y que el área urbana se consolide y no se extienda”, apuntó Brucki.

En ese sentido, la directora de planificación de Guaymallén explicó que algunas acciones son permitir una mayor altura en las construcciones en áreas urbanas, mientras que se restringe la construcción de viviendas en la zona rural (salvo las de los propios productores agrícolas). “Tenemos que cuidar la producción cercana de alimentos. Si no, después habrá que importarlos con un mayor costo por la logística”, defendió la funcionaria.

Sin recambio generacional

Son muchas las razones detrás del avance del área urbana sobre la rural. Más allá del crecimiento demográfico, algunas tienen que ver con el recambio de los productores y la continuidad o no de la familia. Cuando un productor de 5 hectáreas fallece y se divide el terreno entre 5 hijos, es difícil pensar que cada uno continúe por separado con una hectárea de producción.

Oscar Carballo, sociólogo rural que trabaja en el Conicet, conoce de productores mayores que no ven un reemplazo en sus hijos o nietos y son tentados para vender sus campos. Si bien aclara que el tema no es su especialidad de estudio, al moverse entre productores, este sociólogo ha escuchado de ofertas de compras de terrenos para hacer viviendas, pero afirma que el productor las rechaza cuando está trabajando a pleno y ve continuidad.

“Es un fenómeno más habitual en zonas que están junto al avance urbano. Las ofertas son más frecuentes donde crecen nuevos núcleos urbanos como Maipú o Guaymallén. De todos modos, no siempre son grandes ofertas y hay muchos casos de pagos en plazos. No es que el productor venda el terreno y tenga la vida asegurada”, comentó Carballo.

El intendente de Luján, Sebastián Bragagnolo, analizó que para mantener las poblaciones rurales es importante cuidar la actividad primaria y sumar más oportunidades de trabajo para los nuevos miembros de las familias, aprovechando por ejemplo el turismo. Durante 2021 la comuna organizó cursos de inglés y de portugués en la zona de Las Compuertas, así como también cursos de gastronomía y de recepción al turista.

“Hay chicos que están trabajando en las mismas bodegas donde antes sus padres trabajaban cosechando, pero hoy lo hacen en la parte turística que, dentro de las bodegas, está siendo una fuente de ingresos enorme que requiere transporte, servicios, gastronomía y limpieza”, comentó el intendente de Luján.

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