sábado 23 de enero de 2021

En Mendoza sólo hay 2.000 hectáreas que producen pera, en su mayoría de la variedad Williams.
Fincas

Peras: se espera una producción 28% mayor a la temporada pasada

Después de una cosecha apenas por encima de las 31 mil toneladas, las estimaciones del IDR plantean un repunte para llegar a casi 40 mil toneladas. La superficie ha caído de modo marcado en los último años.

En Mendoza sólo hay 2.000 hectáreas que producen pera, en su mayoría de la variedad Williams.

El Instituto de Desarrollo Rural anticipa para esta temporada 2020/2021 que la producción de pera alcanzaría las 39.967 toneladas. Esto significa un 28% más que la pasada, cuando se llegó a las 31.176 toneladas. La superficie, en tanto, se ha mantenido estable en las últimas tres, en torno a las 2 mil hectáreas. Los productores locales están expectantes a las posibilidades de exportación, porque serían determinantes para el precio de la fruta en el mercado interno.

Cada año, el IDR realiza la estimación de cosecha de los frutales con mayor superficie cultivada en la provincia. Mendoza es la segunda zona con mayor producción de pera en el país, después del Alto Valle (Río Negro y Neuquén). La variedad más cultivada en el territorio provincial es la William’s, seguida por Packam’s y Beurre Guiffard.

La producción de pera en la provincia tuvo una abrupta caída en la última década, vinculada a una similar disminución en la superficie cultivada. Así, en la temporada 2010/11 se cosecharon 172.850 toneladas de fruta y el número de hectáreas con perales superaba las 7 mil. De ahí se pasó a poco más de 3 mil hectáreas en 2016/17 y volvió a caer en 2018/19, a las 2 mil hectáreas actuales.

Juan Bautista Lanzilotta, productor de pera, comentó que la familia tiene unas 50 hectáreas en el Valle de Uco. Este año, detalló, la producción viene normal, ya que, si bien se produjeron algunas heladas, la afectación fue variable según la zona y las estrategias de mitigación que se implementaron en cada finca. En su caso, no se vieron demasiado afectados, aunque sí han tenido una disminución en los frutales que están en el fondo de la propiedad.

En cambio, sí considera que este año puede haber variaciones en la calidad. Es que es de esperar que varios productores de pera no hayan podido realizar las curaciones que requiere el cultivo, lo que impacta en el resultado final y en las posibilidades de comercialización. Una pera que no ha recibido el tratamiento necesario, explicó, no soporta adecuadamente el frío (la mayor parte queda guardada varios meses en cámaras frigoríficas).

Lanzilotta detalla que la fruta debe cosecharse un poco verde, ya que si está muy madura no se puede guardar, y enfriada rápidamente. Lo ideal es que en menos de 24 horas esté a 0°. La familia no tiene su propio frigorífico, sino que ha tercerizado el frío. De esta manera, si tienen unos 40 a 50 mil cajones de fruta, pueden irlos vendiendo de acuerdo a la demanda.

Si bien en su momento exportaban, hace varios años que se dedican a mercado interno. Es que para exportar a Brasil se fueron endureciendo los requisitos, ya que si en la frontera encontraban una larva de carpocapsa –ya ni siquiera un gusano- rechazaban el envío. Además, en las últimas temporadas no han alcanzado la calidad como para exportar.

Este, en cambio, comentó Lanzilotta, hicieron un gran esfuerzo para atender el cultivo con el objetivo de mejorar la producción. De todos modos, ya no apuntan a exportar, sino a seguir atendiendo a sus clientes en el Mercado Cooperativo de Guaymallén; algunos de ellos venden en Mendoza y otros llevan la mercadería a diferentes partes del país.

En cuanto a las expectativas de comercialización, explicó que la variedad William’s se empieza a cosechar a fines de enero y que llevan varios años de precios bajos. Es que todo depende de la oferta y la demanda, y, además, de las exportaciones. Cuando las ventas al exterior son buenas, resalta, “no hay producción que alcance”, y como el mercado queda desabastecido, los valores se tonifican.

De hecho, los que definen en gran medida el panorama son los productores del Alto Valle, que obtienen una muy buena calidad de pera para exportación; mientras Mendoza fue perdiendo terreno en este sentido. Cuando logran enviar la fruta afuera, quienes venden en el mercado local se benefician también. De lo contrario, la sobre oferta perjudica a todos.

José Luis Navarro, presidente de la Asociación de Productores y Exportadores de Frutas Frescas, comentó que él mismo tenía unas pocas hectáreas de peras, pero en los últimos dos años las erradicó. Llegó a tener 30 hectáreas en el Valle de Uco, incluso unas 10 con espaldero, pero comenzó a quitarlas de a poco, porque no tenía rentabilidad. Y agregó que se trata de un producto muy delicado, al que hay que “seguir de cerca” con las curaciones.

Su objetivo era la exportación y el principal mercado, Brasil, que empezó a establecer limitaciones al envío de peras desde Mendoza por la carpocapsa. El titular de la entidad señaló que, al segundo camión en el que encontraban una pera con la plaga, cerraban la frontera –lo hicieron en un par de ocasiones- y se inundaba de fruta el mercado local, con lo que perdía valor.

Juan Bru tenía 75 hectáreas de pera y, dos años atrás, las erradicó por completo. En realidad, se trató de una tarea que fue realizando en forma paulatina y reemplazó los perales por vides. El motivo fue el mismo que ha llevado a otros productores a abandonar el cultivo: se cansó de las dificultades para exportar a Brasil y del riesgo de que rechacen la mercadería –por presencia de carpocapsa- y deba realizar el trámite de reimportación para volver a ingresar la fruta al país.

Asimismo, destacó que, al principio, no aceptaban el envío cuando había una carpocapsa, pero luego lo rechazaban cuando detectaban una caverna, por la que había pasado el insecto. Y que también se suspendieron varios galpones.

Por otra parte, señaló que los precios tampoco justificaban tomar este riesgo y que la inversión es significativa y recién se recupera en mayo o junio, según la variedad. En cuanto a los costos, no sólo se debe considerar los de las labores culturales, sino también los del empaque y el frigorífico durante los meses de guarda.

Pese a que por décadas se dedicó a la pera y al durazno, Bru sólo ha conservado un peral, por pedido familiar -la finca era originalmente de sus padres-, y ha apostado por los viñedos. Pero señala que tampoco se ha visto favorecido demasiado por esta decisión.

Es que, en la primera cosecha, el kilo de uva se pagaba a $ 12, en la siguiente a $ 24, pero luego cayó a $ 22 y se ha mantenido en este valor los últimos tres años.