sábado 17 de abril de2021

A pesar de que creció 40% la superficie cultivada, por las lluvias y el granizo este año se espera que los rendimientos por hectárea se ubiquen alrededor de las 75 toneladas / Orlando Pelichotti
Fincas

Industria: anticipan una caída en la producción de tomate

El granizo y las lluvias han impactado en los rindes y en la sanidad del producto. En los surcos, hay productos sobremaduros conviviendo con otros que todavía están verdes. Se esperan unas 75 toneladas por hectárea.

A pesar de que creció 40% la superficie cultivada, por las lluvias y el granizo este año se espera que los rendimientos por hectárea se ubiquen alrededor de las 75 toneladas / Orlando Pelichotti

Aunque este año son varias las hectáreas que se sumaron en la provincia al cultivo de tomate para industria, el granizo y las lluvias reiteradas han impactado en los rindes y la calidad del producto, por lo que anticipan que no será un año tan favorable para el sector. Como el consumo creció considerablemente con la pandemia, las principales industrias han ampliado sus programas productivos. Además, la producción local resulta insuficiente y se importan concentrados. Por eso, se busca ampliar la superficie cultivada.

En el país se consumen unos 650 millones de kilos de tomate y se producen 454 millones. Esto implica que la diferencia se cubre con pasta importada. Sin embargo, la cotización del dólar alta favoreció, desde hace un par de años, que la industria comenzara a trabajar de modo coordinado con los productores locales para intentar satisfacer esa demanda.

Este año se había anticipado que los volúmenes iban a ser superiores, porque se incrementó la cantidad de hectáreas implantadas con tomate, pero el tiempo les jugó una mala pasada a los productores mendocinos. José Pierantonelli, ingeniero agrónomo y asesor de la Asociación Tomate 2000 (de participación público-privada), detalló que los productores de la zona norte -Guaymallén, Maipú, Junín, San Martín, Rivadavia y Lavalle- están teniendo serios inconvenientes por exceso de agua.

Es que las lluvias reiteradas –no sólo con un acumulado significativo, sino puntuales de 50 o 70 mm caídos en dos días- han generado un deterioro en la sanidad del cultivo, ya que han aparecido bacterias y hongos como alteranaria e oidiopsis, y un abanico de enfermedades que hacen que el productor deba aumentar las aplicaciones de productos fungicidas y fitosanitarios en general.

Además, la humedad excesiva ha afectado la calidad del producto, ya que se ha incrementado la cantidad de frutos sobremaduros con presencia de varios aún verdes. Pierantonelli explicó que los productores esperan a que haya entre 80 y 85% de frutos rojos, porque la industria considera a los inmaduros descarte y no los paga. Sin embargo, cuando se dan ciertas condiciones, los tomates rojos se empiezan a ablandar o pudrir, lo que obliga a iniciar la recolección y, por la presencia de frutos inmaduros, cae la rentabilidad.

El ingeniero comentó que también están teniendo complicaciones con la cosecha, que ya lleva dos semanas en el Norte y Este, y está comenzando en algunos lugares del Valle de Uco. Esto, por las dificultades de disponibilidad de los servicios para el caso de la recolección mecanizada y de gente para la manual, ya que no se consiguen cuadrillas de cosechadores.

En general, puntualizó, se espera que haya una disminución del rendimiento en Mendoza, por deterioro de la calidad, lo que llevaría el promedio por hectárea, que dentro de la asociación estuvo en unas 85 toneladas en 2020, a 75 u 80 toneladas por hectárea en 2021. Y añadió que se debe tener en cuenta que la superficie creció un 40% con respecto al año pasado.

Asimismo, resaltó que las explotaciones que incorporan tecnología como riego por goteo, formadores rotativos de cama, trasplante mecánico y un adecuado plan de fertilización obtienen rendimientos muy superiores.

Pablo Guevara, extensionista de Tomate 2000 en el Valle de Uco, contó que también estuvieron muy complicados en esa zona, ya que tuvieron muchos episodios aislados de granizo pequeño y después varias lluvias intensas. Tanto el granizo como las gotas grandes, explicó, generan heridas en el cultivo que favorecen el ingreso de bacterias.

Las condiciones ambientales, como lluvias, humedad y temperaturas extremas, favorecen la proliferación de las enfermedades y resulta muy difícil erradicarlas. Guevara indicó que, desde hace 20 días, están viendo cultivos muy afectados por bacterias, que empiezan afectando la hoja, luego el tallo y, finalmente, el fruto. Esto hace que los ciclos normales de las variedades de tomate para industria, que son de 115 a 120 días, se acorten.

Las lluvias y el granizo, precisó, el ingeniero, encontraron este año a los cultivos con 40 a 60 días y obligaron a empezar la cosecha a los 100 días, ya que los productores no pueden esperar más porque la planta se muere. Esto significa que, si lo habitual en el Valle de Uco es tener un rendimiento de 75 a 80 toneladas por hectárea, con suerte este año llegarán a las 50.

Y señaló que, para cubrir los costos de producción, se necesita obtener 65 toneladas, lo que preocupa por su incidencia en esta temporada y las próximas. De todos modos, reconoció que se debe esperar a terminar la recolección, pero que todo apunta a que se va a estar, en promedio, por debajo del costo.

Por otra parte, Guevara comentó que un inconveniente adicional que ha traído el adelantamiento forzado de la cosecha es que las máquinas cosechadoras aún se encuentran en San Juan y en el norte de Mendoza, por lo que no tienen disponibilidad de maquinaria. A esto se suma que tampoco hay mano de obra para hacer la recolección de modo manual, lo que les está limitando la tarea.

El Valle de Uco concentra casi el 60% de la producción provincial de tomate y, dentro de los oasis que maneja la asociación –desde La Rioja hasta el sur provincial- es el que mayor crecimiento tuvo en 2020.

José Guerrero es viverista desde hace dos décadas y este año decidió incursionar en la producción de tomate para industria –en realidad, retomar una actividad que habían tenido años atrás-, en una propiedad en Cápiz (San Carlos). El cultivo venía muy bien hasta que, 20 días atrás, una tormenta severa de granizo destruyó todo y, desde la asociación, le dieron de baja el cultivo. “Son cosas del rubro”, comentó con resignación.

Afortunadamente, cuenta con su vivero, en el que vende plantines y señala que, como el precio de la semilla híbrida de calidad, necesaria para quienes incorporan tecnología en el cultivo, es alto, los productores prefieren no arriesgarse a plantarla directamente en la tierra. La venta de material para cultivar tomate para industria, detalló, crece un 8% en promedio cada año y el de tomate para traslado, entre 10 y 15%.

Cosme Argerich, ingeniero agrónomo del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) y asesor técnico de Tomates 2000, coincidió en que la provincia está muy afectada por las lluvias de los últimos 30 días, lo que ha complicado la calidad. Por el momento, como aún faltan unos 40 días para terminar la cosecha, prefirió no estimar cuál puede llegar a ser el resultado final. En cambio, en San Juan el clima ha acompañado y han alcanzado un rendimiento promedio por encima de las 100 toneladas.

Día de campo

El jueves se desarrolló, en el INTA La Consulta, la 28° edición del Día de Campo del Tomate Industrial. Argerich comentó que se trata de una jornada para mostrar a los productores, industriales y empresas de insumos y servicios cuáles son los mejores tratamientos y tecnología. En el predio del INTA se ubican distintas estaciones técnicas en las que se presentan los resultados de diversas pruebas de bioestimulantes, variedades de tomate, formas de riego, etc.

También se pueden encontrar stands de diversas compañías proveedoras de insumos, servicios y maquinarias para la producción. Además, excepto este año, por el protocolo Covid-19, se suelen hacer demostraciones de cosechadoras mecánicas y pulverizadoras. Y, luego del tradicional almuerzo, se premia a los productores que se destacaron en diversas categorías durante la temporada anterior.

El ingeniero del INTA comentó que, en 2021, se analizaron, de modo particular, distintas enmiendas orgánicas que se pueden utilizar para reemplazar el guano, cuya utilización está prohibida –por considerar que no se trata de una buena práctica agrícola- desde el 1 de enero.

El director de la estación experimental agropecuaria La Consulta, del INTA, Daniel Pizzolato, destacó la continuidad de la labor de la Asociación Tomate 2000 y resaltó que está integrada por 11 industrias, 160 productores, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, los gobierno provinciales y prestadores de bienes y servicios para el sector.

De esta manera, indicó, se logra mantener los ensayos de todas las variedades de tomate que están en el mercado, como también las que promocionan las empresas, para conocer su comportamiento. Pizzolato añadió que desde 2020 se realiza un ensayo de malla antigranizo que permite, además, cosechar con máquina.

El director del INTA La Consulta planteó que hay una necesidad de incrementar la producción de tomate, ya que, si bien se exporta algún producto de alto valor agregado (como el tomate entero), la mayor parte de lo que se produce se destina a consumo interno y el cultivo no alcanza. De hecho, mencionó que no sólo se necesita más superficie cultivada, sino que también hay quienes plantean que falta una planta de procesamiento en la región.

“Es un sector que creemos que va a tener un desarrollo importante en los próximos años, si continúan las condiciones macroeconómicas estables”, concluyó. Se debe recordar que, dentro de la asociación, los industriales financian a los productores para que cuenten con dinero para realizar el cultivo bajo ciertas condiciones y, en las últimas dos temporadas, firmaron, además, contratos en dólares para asegurarse de contar con materia prima.

Uso de drones

En una de las estaciones técnicas se analizó la eficacia de la utilización de drones para la aplicación de herbicidas pre-emergentes (los que se colocan antes de que salga la planta). Los ensayos han mostrado, hasta el momento, que se debe utilizar el producto de modo más concentrado: diluido en 10 litros por hectárea, en lugar de 200 a 400. También, que se necesita recurrir a un emulsionante, para que se disuelva bien, y un antievaporante para que la gota, mucho más pequeña, no se seque demasiado pronto.

Entre los beneficios señalaron que se reduce la dispersión del herbicida y que, como no lo aplica una persona en un tractor, hay mucho menor riesgo de que alguien se contamine durante la aplicación. Debido a que se utiliza posicionamiento satelital, se evitan situaciones de solapamiento o de que queden zonas sin aplicar, como suele suceder cuando el tractorista se equivoca al tomar una hilera. Y como la aplicación es más efectiva, es probable que se requiera de menos producto y, al tener mayor concentración cada gota, se deban extender los tiempos para permitir que la planta se detoxifique.

Daniel Rodríguez, un productor de tomate para industria de Pocito (San Juan), reconoció que tenía miedo de utilizar drones, como es común tener a lo desconocido, porque por 20 años utilizó un tractor para realizar las aplicaciones de herbicida y no quería complicarse. Sin embargo, la ingeniera que trabaja en su chacra probó este año la tecnología y quedó conforme con los resultados.

Rodríguez resaltó que lo más importante es sacarse una tarea “de encima”, ya que se contrata el servicio (en promedio, demanda una inversión de 30 dólares por hectárea). Además, cuando llueve, no se puede entrar con el tractor a hacer tratamientos, porque las máquinas pesan entre 5 y 6 mil kilos, y no pueden avanzar en el suelo húmedo; mientras que el drone “ni se entera”.

Pero planteó que es necesario que haya mayor desarrollo porque en San Juan sólo hay una persona que realiza aplicaciones con drone y no siempre está disponible, mientras que el cultivo de tomate es muy dinámico y, ante la presencia de una plaga, unas horas pueden resultar determinantes.

Lo importante es que se está trabajando seriamente en desarrollo de nuevas tecnologías.

Malla antigranizo, en altura

En el predio del INTA en San Carlos hay un sector cubierto por malla antigranizo colocada en altura, lo que permite compatibilizar el uso de la protección con la utilización de máquinas para sembrar y cosechar. Pizzolato reconoció que el costo es elevado y por eso la experiencia tiene como uno de los objetivos realizar una evaluación económica.

Pablo Guevara sumó que hay mucho interés de algunas agroindustrias en esta opción, sobre todo para el sur de la provincia, donde suelen ser frecuentes las tormentas graniceras, y prácticamente se ha dejado de producir tomate. Para el ingeniero, si los ensayos siguen arrojando datos positivos, va a ser fundamental el acceso al financiamiento.

Es que, a valores actuales, se necesita obtener unos 180 mil kilos de tomate por hectárea para recuperar la inversión. Sin embargo, señaló que la estructura tiene una vida útil de al menos 15 años, por lo que, si se extiende el plazo de amortización, se puede considerar una alternativa aun cuando el rendimiento sea inferior.

En este segundo año de experiencia, han notado que, en comparación con un cultivo sin cobertura, los rindes bajo malla son superiores. Al tener tela, además, se reduce la evotranspiración, con lo que la demanda de agua también cae. Y las mejores condiciones de la producción cubierta permiten reducir la densidad de plantas por hectárea de 22 mil a 17 mil, lo que implica un ahorro significativo.

Nelson Cerro se sumó este año a la Asociación Tomate 2000 como productor. Cuenta que, si bien hace 28 años que se dedica a la producción de tomate para industria en General Alvear, recién ahora se integró a la entidad, con el objetivo de acceder al paquete tecnológico y poder realizar una cosecha concentrada, en lugar de 4 o 5 pasadas como solía realizar con el costo de mano de obra que esto demanda y las dificultades para conseguirla.

Cerro señaló que el departamento está postergado en la implementación de tecnología para el cultivo, pese a que hace 50 años había 3 mil hectáreas con tomate de excelente calidad. El productor aspira a que más productores retomen esta actividad tradicional para la zona y también que los incluyan en el fondo compensador por granizo que ofrece la entidad, ya que destacó que esta contingencia se puede dar en cualquier parte de la provincia y este año el Valle de Uco estuvo muy afectado, mientras el sur no.