Tres años después del arresto del estadounidense Alan Gross en Cuba por distribuir material de comunicaciones, su esposa Judith cree que el gobierno de su país lo mandó a una encerrona, mientras que el régimen castrista no le da ninguna pista sobre el futuro.
Ayer Judith Gross se manifestó una vez más frente a la Sección de Intereses cubanos en Washington, como ha hecho en varias ocasiones, a veces casi en solitario, frente a una verja que hasta ahora no se ha abierto.
Cansada de no ser escuchada de un lado y otro, Judith presentó junto a su marido Alan una demanda contra su gobierno, cifrada provisionalmente en sesenta millones de dólares.
“Mi prioridad es que Alan cruce la puerta de casa. Eso es lo más importante”, explicó en entrevista vía telefónica. Pero treinta y seis meses después de la detención de su marido, que acabó condenado a 15 años de cárcel, “sentimos que necesitamos hallar algún tipo de compensación”, explicó.
“Le pedimos al presidente (Barack) Obama, ahora que han pasado las elecciones, que se involucre en esto”, añadió.