La riqueza vocal del homenaje estará garantizada por una constelación de referentes de la música cuyana, entre los que se encuentran Mónica Abraham, Jorge Giuliano, Anabel Molina, Omar Raúl Berón, Marcelino Azaguate, Fabiana Cacace, Roberto Mercado, Stella Torino, Javier Rodríguez, William Chavero, Carlos Méndez, Andrés Iacopini, Dúo Sentimiento, Lucho Aberastain, Ini Ceverino, Ángeles Asencio, Walter Ulloa, José Luis Miralles, Juan Carlos Romero, Pablo Budini, Juan Matías Arnulphi, Varón Álvarez, Claudio Brachetta, Pablo Torres, Enzo de Lucca, Patricia Cangemi, Dúo Oyarzabal-Navarro, Marcelo López, Sergio Martínez, Rubén Martínez, Jimena Semiz, Hermanas Abraham, Eduardo Campos y Alé Sosa.
Reynoso dialogó con Los Andes en la previa del estreno y dejó definiciones importantes sobre la obra de Pocho Sosa.
- ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando surgió la idea de llevar su música a un formato sinfónico?
- El desafío de no perder la esencia de Pocho. Que tiene algo muy particular: una manera de decir, de respirar y de acompañar la palabra. Por eso, para mí, llevar la obra de Pocho a un formato sinfónico significa encontrar un lenguaje orquestal que dialogue con esa identidad y que, al mismo tiempo, permita descubrir otras dimensiones de su obra. Así que, junto al maestro Pablo Herrero Pondal, quien además dirige la Orquesta Filarmónica de Mendoza en este concierto, pensamos arreglos uniendo esos universos: mis influencias de música popular folclórica y el maestro Pondal orquestando y llevándolo a este formato sinfónico.
- Tras su fallecimiento, se hace incluso más evidente que Pocho fue una figura central en la construcción de una identidad musical mendocina. ¿Qué rasgos de esa identidad aparecen con más fuerza en sus canciones?
- Aparecen varios rasgos que son profundamente mendocinos: el paisaje, la palabra, la amistad, el vino, la vendimia, las acequias, el otoño, el Nuevo Cancionero y el amor a su familia, “la Pochi Zimmermann”, a sus hijas, sus nietos. Su música tiene una enorme raíz cuyana, pero nunca fue una música encerrada en sí misma. Llevó esa identidad hacia afuera y logró que la tonada, la cueca y toda nuestra tradición pudieran dialogar con públicos y músicas de otros lugares. Uno de los grandes valores fue justamente ese: ser profundamente cuyano sin dejar de ser universal. Por eso hoy aparecen tantas voces y tantos músicos de distintas generaciones.
Las canciones de Pocho Sosa bajo una nueva luz
-¿ Y hay alguna canción de Pocho que, al trabajarla para este homenaje, te haya revelado algo nuevo sobre él o sobre su obra?
- Sí, y que, de alguna manera, terminó definiendo el concepto profundo de este homenaje: “Yo no me voy de la vida” (Eduardo Aragón). Entendimos que esa canción tenía un significado que iba mucho más allá de lo musical. Hoy la sentimos casi como un mensaje que Pocho nos dejó. Porque, en definitiva, Pocho no se fue de la vida. Perdura en sus canciones, en su manera de cantar, en los músicos que compartieron escenario con él, en los poetas y compositores con los que construyó una parte fundamental de nuestra cultura y también en las nuevas generaciones que siguen encontrándose con su música. “Todas las voces” es su legado vivo, que sus canciones todavía convocan, emocionan y reúnen.
- El año pasado, Pocho actuó junto a la Filarmónica. ¿Hay algo de ese material que ahora recuperan o se trata de arreglos inéditos?
- Sí, claro. También serán parte del repertorio esos arreglos creados por Leandro Riolobos. Que además también tiene un significado simbólico: Pocho vuelve a encontrarse con la Filarmónica, pero esta vez a través de su obra, de su voz registrada, de sus canciones y con más de 70 artistas que sonarán en nuestra sala mayor, el Teatro Independencia, “la casa de Pocho”.
- ¿Hay algo particularmente difícil de trasladar de la música cuyana a un formato orquestal?
- La música tiene el poder de ser un lenguaje universal. Quizás no estamos acostumbrados a escuchar ciertos instrumentos que no son del género, ¡pero te aseguro que conviven un fagot con un cajón peruano en una cueca y un violonchelo con dos guitarristas cuyanos punteando una tonada y es lo más hermoso! La música cuyana tiene una respiración propia. Las guitarras, el rasgueo, los silencios, las voces y la manera de frasear son parte de su identidad. Cuando uno orquesta una cueca o una tonada corre el riesgo de hacer una versión demasiado grande, demasiado pesada, y perder aquello que la hace cuyana. Por eso el trabajo consiste en encontrar un equilibrio. En este homenaje conviven las guitarras y los músicos que conocen profundamente ese lenguaje con la dimensión sinfónica. Para mí, esa combinación es justamente lo interesante.
- Hay más de treinta referentes involucrados. ¿Qué significa reunir en un mismo escenario a artistas de generaciones y recorridos tan diferentes?
- Es una de las cosas más importantes del homenaje. Hay un equipo de producción que está conformado por artistas: Carlos Méndez, uno de los ideadores, y Stella Torino, a cargo de la producción ejecutiva; Javier Rodríguez, director y coordinador vocal, con el apoyo de la Subsecretaría de Cultura de Mendoza, el Teatro Independencia y la Orquesta Filarmónica de Mendoza. Pocho tenía esa vibra. Entonces, reunir hoy a todos estos factores no es solamente una decisión de producción: tiene que ver con el propio espíritu de Pocho. Y por eso el concepto de “Todas las voces” tiene un sentido muy concreto: no es solamente que haya muchos cantantes. Son distintas generaciones, distintas historias y distintas maneras de interpretar una misma identidad. El mejor homenaje que podemos hacerle a Pocho Sosa es justamente ese: volver a hacer lo que él hizo durante toda su vida, reunirnos, cantar, compartir y visibilizar nuestra identidad menduca. Como dijo el poeta Jorge Sosa: “Que siempre tiene sabor a poco”.
Pocho Sosa: Una vida en la canción cuyana
Carlos Alberto Sosa nació en la Ciudad de Mendoza el 17 de julio de 1943. Su relación con la música comenzó durante la adolescencia, casi por azar: una hepatitis lo obligó a permanecer en reposo durante varias semanas y sus padres le regalaron una guitarra. Con ella aprendió sus primeros acordes y se acercó a las zambas, cuecas y gatos que terminarían definiendo buena parte de su horizonte artístico.
Durante los años 60 integró Los Picunches, Los Huarpeños y el Cuarteto Vocal Huanta. En 1974 formó Canto Trío junto a Gerardo Poblet y Beto Quiroga, agrupación con la que obtuvo el Premio del Jurado Técnico en el Festival de Cosquín por "Destituyo las rosas", de Damián Sánchez y Elena Siró.
En 1982 inició formalmente su carrera como solista. Desde entonces llevó la música mendocina a escenarios de todo el país y también de Estados Unidos, Canadá, Chile, Uruguay y España. Su trayectoria incluyó colaboraciones con figuras como Mercedes Sosa, con quien compartió escenarios y grabó "Tonada de otoño" para el álbum "Corazón libre".
Pocho recibió numerosas distinciones: fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Mendoza, reconocido por sus 50 años de trayectoria por la Legislatura provincial y distinguido como Embajador Cultural de Mendoza. En 2018 recibió además la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento del Senado de la Nación.