Paola Krum llega a Mendoza con Maldita felicidad, obra de teatro que protagoniza junto a Pablo Echarri, Carlos Portaluppi e Inés Palombo, bajo la dirección de Daniel Veronese. Escrita por Agustina Gatto, esta comedia dramática se presentará este jueves 6 de agosto en General Alvear, el viernes 7 en San Rafael y el sábado 8 en Teatro Plaza de Godoy Cruz.
Esta obra de teatro combina humor, absurdo e intensidad emocional para cuestionar el éxito y los mandatos contemporáneos.
Gentileza Prensa Maldita felicidad
La historia comienza durante una cena. Krum interpreta a Celeste. Ella y Guido, dueños de una pequeña editorial, celebran que la primera novela de Peter se convirtió en best seller. Sin embargo, el escritor asegura que el éxito no le ha dado la felicidad que imaginaba. La llegada de una cuarta persona profundiza el conflicto y obliga a todos a revisar sus deseos y vínculos.
El universo de “Maldita felicidad”, según Paola Krum
Entre el absurdo, el drama y la comedia de situación, Maldita felicidad pone en crisis el éxito como garantía de plenitud. Antes de las funciones, Paola Krum conversó con Los Andes sobre la obra y su reencuentro artístico con Pablo Echarri.
—El título parte de una contradicción muy potente: ¿qué tiene de “maldita” la felicidad que plantea la obra?
—En mi caso, el título me remite a algo bastante concreto: la felicidad es una búsqueda eterna. Uno vive buscando pequeños o grandes momentos de felicidad. A esta altura de mi vida, siento que esos momentos son pequeños, como ráfagas. Creo que lo de “maldita” tiene que ver con que son muy difíciles de asir. Cuando uno cree haber vivido un momento de felicidad, ya pasó, ya forma parte del pasado. Es difícil mantenerlo en el tiempo. Entonces, creo que esa imposibilidad de sostener en el tiempo la felicidad, esa sensación de plenitud o de paz —o como cada persona la experimente, porque para cada uno es diferente—, es lo que la vuelve maldita.
En esta gran obra de teatro, una cena de celebración se transforma en una noche de contradicciones, revelaciones y preguntas sobre la verdadera felicidad.
Gentileza Prensa Maldita felicidad
—La historia comienza con un éxito que, en lugar de generar alegría, provoca una crisis. ¿Conseguir aquello que deseamos también puede dejarnos vacíos?
—Es posible que el éxito resulte engañoso. Por lo general, uno lo relaciona con lo profesional y, cuando ha buscado durante mucho tiempo alcanzar una meta o conseguir un logro, al obtenerlo siempre aparece algo más por alcanzar. Para mí, el éxito —y así también se me vuelve más cercana la idea de felicidad— está en esos pequeños momentos: lograr sentirme bien con mi vida, con mi salud y con mis afectos; que mis vínculos más cercanos sean exitosos porque existe un ida y vuelta, comunicación y conexión.
—¿Sentís que, en la actualidad, la felicidad se ha convertido en una exigencia o en una actuación frente a los demás?
—Sí, la verdad es que es impresionante la cantidad de estímulo que hay en relación a cómo hay que ser feliz, cómo hay que ser saludable, cómo hay que ser exitoso, cómo hay que ser más bello, cómo... O sea, es impresionante el nivel de exigencia que hay en relación a sentirse pleno y feliz. Y creo que cada uno tiene que buscar su propia fórmula, ¿no? Y que por ahí pasa la felicidad, con el conocimiento uno mismo, y la búsqueda de lo que para cada uno significa estar mejor, ser felices por momentos, encontrar momentos de complicidad, de conexión con los demás, que creo que pasa un poco por ahí.
—La obra transita entre el absurdo, la comedia y el drama. ¿Cómo se construye ese equilibrio?
—No creo que sea tan complicado, porque por suerte la obra está muy bien escrita. Es una comedia dramática en la que la comedia y el drama se complementan de una manera muy natural. Nadie busca hacer una payasada o provocar la risa de manera forzada, porque la obra no propone una comedia en ese sentido, sino una comedia de situación.
—Volvés a compartir escenario con Pablo Echarri. ¿Cómo conviven este nuevo trabajo y la memoria afectiva que el público conserva de ustedes?
—Pablo es mi compañero y, en verdad, es el actor con el que más trabajé en mi vida. Es un gran compañero. A lo largo de la vida nos fuimos reencontrando, siempre diferentes y renovados en cada encuentro. Tenemos una confianza muy grande, construida no solo desde el conocimiento personal —porque somos amigos—, sino también desde la experiencia de haber contado juntos historias complejas que funcionaron, generaron identificación y despertaron el amor de la gente. Siempre voy a querer a Pablo. Es un compañero de la vida, es mi familia.
—¿Qué mirada de Daniel Veronese fue fundamental para comprender la obra?
—Daniel, aun siendo el director brillante, inteligentísimo y exitoso que es, establece una relación de mucha paridad con los actores. Uno siente que está construyendo junto con él y con el resto del elenco. Eso genera un permiso enorme. Y esa libertad habilita un juego espectacular.
—¿Qué pregunta te gustaría que el público se llevara del teatro?
—En el caso de Maldita felicidad, creo que el público se va, en primer lugar, contento de haberse reído y de haber pasado un muy buen momento. Eso es lo que veo cada noche. Pero también se va con muchas preguntas. Empiezan a preguntarse qué significa la felicidad para cada uno y qué quiere cada persona para su propia vida. Creo que la obra abre justamente esas cuestiones.
Funciones y entradas de “Maldita felicidad” en Mendoza
Pablo Echarri, Paola Krum, Carlos Portaluppi e Inés Palombo protagonizan “Maldita felicidad”, bajo la dirección de Daniel Veronese.
Gentileza Prensa Maldita felicidad
La obra se presentará el jueves 6 de agosto, a las 21, en el Cine Teatro Antonio Lafalla de General Alvear; el viernes 7, a las 21.30, en el Teatro Roma de San Rafael; y el sábado 8, a las 21, en el Teatro Plaza de Godoy Cruz.
Las entradas se adquieren en las boleterías y, para San Rafael y Godoy Cruz, mediante Entradaweb.