Florencia Peña, protagonista de la versión porteña de " Pretty Woman", no solo baila entre luces, micrófonos inalámbricos y vestuarios brillantes: también planta bandera en el escenario, en su vida personal y frente a los fuegos cruzados del mundo mediático. Desde el teatro Astral, donde este miércoles 28 de mayo debuta la adaptación dirigida por Ricky Pashkus y co-protagonizada por Juan Ingaramo, Peña encarna a una Vivian Ward, pero "made in Argentina": teñida de ironía, conciencia y libertad.
"Es un momento donde está todo a punto de nacer", reflexiona en una entrevista con diario Clarín. “Y decís: cómo vamos a compatibilizar los ensayos de dos meses en una sala, con las luces, los 30 micrófonos inalámbricos sonando al mismo tiempo, coros y subidas y bajadas de los trastos”.
Pero esta actriz de raza ya conoce la adrenalina de una maquinaria escénica a gran escala. “Es una maquinaria compleja, a la altura de 'Sweet Charity'. Tan grande que, a una semana de estrenar, todavía están llegando cosas de los Estados Unidos”. Peña no solo protagoniza: también produce, coordina y multiplica roles como una orquesta. “Hace mucho que no soy solamente actriz”, dice con naturalidad.
En el espejo ya no se refleja Donna de "Mamma Mía!" —rol que dejó hace apenas un mes—. Ahora hay una melena vibrante, teñida de rojo intenso. “Me lo hice ayer. Todavía me estoy hallando, pero me divierte camuflarme. Fue un año agotador. Terminé en Mar del Plata y al otro día me subí a un avión con mi familia. Volví vaciada. De agua de mar y de convivir con los míos”.
Florencia se entrega con cuerpo y convicción a una nueva “mujer bonita”, igual de icónica que sus antecesoras: Sally Bowles, Donna, Charity. Y lo hace con una vara propia que no baja. “¡Siempre terraza! Soy una entusiasta. En un momento de la obra lo digo: terraza, terraza. El humor atraviesa mi vida entera. Y mi éxito es saber que cada vez que subo al escenario hay gente que me elige”.
Peña desactiva todas las críticas. “Primero me río de mí, así se ríen tranquilos que ya lo hice”. No se disculpa por interpretar a una prostituta ficticia ni por tener 50 años. “El teatro es fantasía. Y con 50 para 51, estoy a la par de veinteañeros y treintañeros en el escenario. Jamás, viéndome, vas a decir: qué grande esta señora”.
“La película no tiene esa mirada [feminista], porque hace 75 años no se hablaba de la prostitución como se habla ahora. Hoy no se podría hacer esa película. Que uno la ve inocente y ni siquiera te molesta cómo se romantiza porque cuenta otra cosa. Hoy hablamos de una perdedora, que no sabe quién es, qué hacer con su vida y conoce un hombre que la inspira... No es la mujer que encuentra al millonario y entonces es feliz. Ese cuento ya no va más”.
Y agrega: “Estoy en crisis con mi edad. Envejecer cuesta y el mundo se puso en un lugar muy hostil para envejecer hoy. También el feminismo, que yo soy feminista, nos trajo esto de: lo tenés que aceptar. Y no, pará. Lo voy a abrazar, pero expresarlo no está mal”.
Una vida entre éxitos y controversias
El show no es lo único que tiene montado. También libra una guerra simbólica —y judicial— por su imagen, su libertad y su círculo íntimo. Una denuncia infundada de Viviana Canosa, que la vinculó a una red de pedofilia, prendió fuego las redes pero también hizo más fuerte su coraza.
“Nos debemos el debate de cuál es el límite. ¿Se puede decir todo? ¿Podemos inventar sin consecuencias? En otros países, si hacés una falsa denuncia en temas tan sensibles, vas preso”, dispara. “Lo increíble es que fuimos denunciados el grupo de amigos (La Negra Elizabeth Vernaci, Damián Betular, Humberto Tortonese y Lizy Tagliani), con lo cual estamos todos online con eso y cuando esto se caiga, viendo cuál va a ser el contrataque, porque no nos vamos a comer esta galletita. No es gratis”.
No habla desde el rencor sino desde la convicción de una ética personal: la libertad como legado. “Lo único de lo que se me puede acusar es de ser como soy. Cómo vivo mis relaciones amorosas, cómo soy mamá o actriz es problema mío. A cierta parte de la sociedad le molesta mi libertad y la de mis hijos”.
“Somos libres en nuestras individualidades y jamás les he prohibido nada o castigado. La premisa es: ‘Yo no sé lo que es bueno para mí, mirá si voy a saber lo que es bueno para vos’”, reflexiona.
Florencia Peña y la familia
“Con Mariano (Otero, su ex marido) somos los tuyos, los míos y los nuestros. Hace poco nos juntamos todos a comer asado. Cuando Juan hizo la presentación oficial de su novio y Toto de su novia...”, revela.
Ese mismo Mariano, además, produce los discos de Juan Ingaramo, su nuevo partner escénico. “Me gusta que venga de otro palo y su voz aporta algo fresco. Además es músico, una raza muy especial. Yo conviví con uno 11 años y se parecen bastante. Hay algo de la matemática que los rige... Y si bien yo soy intuitiva y no tan cerebral, trabajo por la excelencia o no trabajo”.
“El argentino es muy de creer que somos todos una mierda y todo está mal. Y tenemos como cualquier sociedad cosas maravillosas y cosas que no están buenas. A nivel artístico estamos muy arriba”, asegura. “Desde los americanos que me han venido a dirigir, todos destacaron nuestro valor. Solamente es una cuestión geográfica la nuestra”.
"Hubo un proyecto, pero no sé si quiero meterme en algo todos los días. Soy muy visceral para elegir. Lo del 'Cantando...' (América) me divirtió, pero para hacerlo con Juan", dijo sobre un posible proyecto de streaming junto a Marley.
-¿El bajo rating que tuvo el "Cantando..." te generó algún costo?
-No me genera ningún costo el rating. Primero que hoy es una mentira, porque todo se viraliza. Con lo cual Juan se hizo híper famoso con el "Cantando..." haciendo 2 puntos. Él es terraza, azotea y penthouse, jaja.
Un proyecto con Netflix todavía muy verde
-La continuación de “Casados con hijos”, para Netflix, siempre está en el aire, como la película de “Los Simuladores”. ¿Se pudo destrabar con Luisana Lopilato filmando en el país?
-No se destrabó. Problemas de agenda y otros factores. Creo que fue un milagro el Gran Rex y sería un milagro poder hacer Netflix. No lo descarto, a todos nos divierte entrar y salir un rato. Por ahí algún día se dé. Yo tengo una búsqueda mucho más grande que Moni, que es parte de la idiosincrasia del país, como los Argento. Con Guille hemos demostrado que no fuimos esos personajes y nos podríamos haber quedado ahí, como los de “El Chavo”. Obviamente, la tengo muy consciente para no repetirla.