“Películas de acción” puso en marcha el recital. Le siguieron “Cinco horas menos” y “Puede ser”, en un comienzo despojado que anticipó el espíritu de la noche: Mateo, su voz, las canciones y un escenario que todavía guardaba una sorpresa.
Después de esos primeros tres temas, el telón se abrió. Del otro lado aparecieron guitarras, teclados, pedales y distintos instrumentos dispuestos alrededor del músico. La escena terminó de revelar el concepto de “Mateo”: volver sobre su propio repertorio, desarmarlo y reconstruirlo desde la intimidad.
“A ver si el teatro está lleno”, lanzó mirando hacia las butacas. La respuesta estaba frente a sus ojos. “Estoy muy contento. No me lo esperaba. En estos tiempos tener el teatro sold out es para festejarlo tres veces”, celebró.
El Teatro Mendoza respondió con ovaciones sostenidas durante todo el show, en una noche de conexión permanente entre Mateo Sujatovich y el público.
Celeste Laciar / Los Andes
También dedicó unas palabras de agradecimiento a la artista local Magnolia Monti, encargada de abrir el concierto luego de ser elegida por el público a través de la convocatoria “Mateo te presenta a vos”.
El vínculo con la sala quedó establecido muy temprano. Mateo habló, hizo bromas, respondió a los gritos que llegaban desde las butacas y también explicó algo de aquello que lo había llevado a encarar esta gira sin sus compañeros habituales.
“Me encuentran solo, sin compañeros, pero me acompañan los instrumentos”, señaló. Y agregó que también lo acompañaban las canciones compuestas a lo largo de estos ocho años, muchas de ellas creadas en soledad y reencontradas ahora desde un lugar diferente.
Ese concepto atravesó buena parte del concierto.
De “Luces de neón” a “Cicatriz”: canciones revisitadas
Con “Luces de Neón”, “La puerta”, “Disfraz”, “La dirección” y “Cicatriz”, el escenario comenzó a funcionar como una suerte de laboratorio musical.
Sujatovich pasó de un instrumento a otro con naturalidad, armó loops, sumó texturas y modificó los climas sin romper nunca el hilo de las canciones.
Esa fue una de las fortalezas de la propuesta. Sin una banda detrás, quedó más expuesta su versatilidad como músico y también su capacidad interpretativa. Hubo pasajes de balada, rock y electrónica; momentos de mayor potencia y otros en los que todo pareció reducirse a la voz y la melodía.
La ductilidad de Mateo Sujatovich quedó en evidencia durante todo el show, con un notable dominio de guitarras, teclados, loops y distintos recursos sonoros.
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“Jet love” y “A la vez” encontraron a un público completamente entregado. Llegaron las ovaciones y también algunos de los intercambios más espontáneos de la noche.
“Qué fresco, che”, bromeó Mateo en uno de ellos. “Yo también los amo”, respondió en otro.
La voz se mantuvo precisa durante todo el concierto y el despliegue instrumental hizo el resto. No hubo virtuosismo exhibido como un fin en sí mismo: cada recurso estuvo puesto al servicio de canciones que, aun conocidas, encontraron nuevas formas de aparecer.
“30 años” y “Cosas para decirte” continuaron el recorrido.
Humor, experimentación y el costado más cercano de Mateo
Otra de las claves del show fue la ausencia de solemnidad. Sujatovich se permitió probar, improvisar y compartir parte de esos procesos con el público. Entre teclados, pedales y cambios de tempo, incluso se rio de sus propios experimentos.
Mateo mantuvo un intercambio permanente con el público mendocino, entre canciones, bromas y varias ovaciones.
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“Estoy haciendo un experimento”, admitió en uno de esos pasajes. En otro momento contó que intentaba hacer un vivo de Instagram mientras seguía adelante con el concierto.
La espontaneidad funcionó como complemento de una puesta musical cuidadosamente construida. “Te lo Voy a Decir”, “Lo mejor” y “Montaña infinita” fueron llevando el recital hacia uno de los instantes más emotivos de la noche.
Las luces de los celulares iluminaron el Teatro Mendoza durante “Cabildo y Juramento”, uno de los momentos más íntimos del concierto.
Celeste Laciar / Los Andes
Antes de “Cabildo y Juramento”, Mateo hizo un pedido especial. “Quiero hacer una canción muy importante para mí porque la hice en ese tiempo en que estuvimos todos encerrados. ¿Me ayudan ustedes a replicar ese mood? ¿Me ayudan a replicar con sus celus?”. En segundos, las luces de los teléfonos comenzaron a encenderse por todo el teatro.
La postal sintetizó buena parte de la propuesta: una sala repleta y, al mismo tiempo, la sensación de participar de un encuentro mucho más pequeño.
“La Mexicana” y un final con el público como protagonista
“Muchas gracias, Mendoza”, dijo Mateo. Pero todavía no era el final.
“¿Una más me dan?”, preguntó antes de continuar con “Loco en el desierto”, que introdujo otro clima y volvió a mostrar el componente electrónico del espectáculo.
Después llegó la falsa despedida. Sujatovich salió de escena y regresó para los bises con merchandising propio, en otro gesto de humor de una noche en la que la cercanía con el público fue una constante.
“La Mexicana” dejó entonces una de las imágenes más inesperadas del recital. Varios fans subieron al escenario para sacarse fotos con el músico y terminaron convirtiéndose, por algunos minutos, en parte de la escena.
Durante “La Mexicana”, varios fans subieron al escenario y se sumaron espontáneamente a uno de los momentos más singulares del cierre.
Celeste Laciar / Los Andes
Todavía quedaba “Quiero que me llames”. La última canción cerró un recorrido de 21 temas en el que convivieron guitarras, teclados, loops, rock, pop, electrónica, baladas, silencios, humor y ovaciones.
El formato permitió, además, observar a Mateo Sujatovich desde otro lugar. Sin la estructura completa de Conociendo Rusia alrededor, quedaron en primer plano el compositor, el multiinstrumentista y el intérprete. Pero también apareció un músico capaz de revisar canciones que conoce de memoria y encontrar en ellas algo nuevo.
El final encontró a Mateo Sujatovich y al público mendocino en plena comunión, después de un recorrido íntimo, intenso y celebrado de principio a fin
Celeste Laciar / Los Andes
Una noche a teatro lleno confirmó que, para sostener un gran show, a veces no hace falta llenar el escenario. Alcanza con tener buenas canciones y saber qué hacer con ellas.