Antes de alcanzar la fama internacional como la tía Zelda en la serie Sabrina, la bruja adolescente, la actriz estadounidense Beth Broderick lideró en la década de 1980 una de las primeras respuestas comunitarias ante la epidemia del SIDA en Nueva York, desafiando el pánico social de la época.
¿Cómo ayudó Beth Broderick a los pacientes con VIH/SIDA en Nueva York?
Con solo 23 años, Broderick ingresó como voluntaria en las incipientes organizaciones de asistencia en Manhattan. Ante el aislamiento que padecían los pacientes contagiados, la intérprete decidió brindar acompañamiento afectivo directo y contención física en hospitales e iglesias, en un momento donde la desinformación sobre las vías de transmisión generaba rechazo masivo.
El mecanismo detrás del impacto de este programa radicaba en contrarrestar el deterioro inmunológico y psicológico que provocaba el abandono social. Durante los primeros años de la crisis, la falta de tratamientos antivirales eficaces provocaba que la pérdida acelerada de peso y las infecciones oportunistas aislaran por completo a las personas diagnosticadas. El rechazo familiar y el estigma social generaban altos niveles de estrés y angustia, factores que agravaban el estado clínico de los pacientes. Al ofrecer platos de comida caliente en vajilla real y mantener contacto físico directo, el voluntariado restituía la dignidad y el sentido de pertenencia, elementos clave para la contención emocional en etapas terminales.
Museo de la Ciudad de Nueva York
¿Cómo nació el Programa Momentum en la iglesia St. Peter?
Junto al activista Peter Avitabile, Broderick impulsó el Programa Momentum en el sótano de la iglesia St. Peter. La iniciativa comenzó ofreciendo cenas semanales para un puñado de asistentes y creció en poco tiempo hasta recibir a más de cien personas por semana. Ante la rapidez con la que los enfermos que perdían peso quedaban sin vestimenta adecuada y sin recursos para subsistir, el proyecto sumó un banco de alimentos y un almacén de ropa gratuita.
Diversas figuras del ámbito teatral, comercios del barrio y conductores de taxis colaboraron donando insumos y traslados para sostener las operaciones semanales. Broderick recordó el compromiso materno que asumió con aquellos jóvenes solos: "Cuando una persona joven está enferma, necesita a sus padres, y esos chicos no los tenían". La experiencia marcó de manera definitiva la trayectoria de la artista, quien continuó participando en organizaciones de asistencia social a lo largo de los años.